miércoles, 5 de junio de 2013

Mátame.


Mátame, pero promete que después morirás conmigo;
que ni el mañana, ni el pasado importan,
que el presente es inexistente,
porque somos eternos.

Mátame, pero no olvides despertarme del sueño eterno,
teje un maraña de sueños blancos,
de vidas llenas de instantes raudos,
de colores perennes, de voces profundas,
de gritos desesperados que puedan salvarme del devenir de la angustia.

Mátame, pero antes, deja que te desnude el alma;
que mis dedos, llenos de sucesos,
transmuten tus instantes,
hasta que sean gotas de lluvia en el mar de nuestro infinito.

Mátame, pero jura que no existe el tiempo,
que la muerte es insignificante,
que el camino de la trascendencia es real,
que yo soy tú, y tú eres yo;
porque somos cálices de sangre,
porque somos la misma substancia,
porque nacimos del mismo delirio.

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