domingo, 3 de febrero de 2013

Terror.

Me da miedo despertar cuando te tengo en mi sueño, pero nada es más terrorífico que soñarte y después despertarme porque tu yo terrenal lo hace por una peripecia exotérica, así son las «casualidades, cuando son casi premoniciones. Me gusta tener en mi sueños, allí eres dócil. Sólo allí puedo tenerte, y tal vez, sólo allí quiera tenerte. Me da terror, también, no volverte a soñar, que se rompa ese vínculo que, al menos yo, aún mantengo. Sé que no fuiste a una clínica como la de «Eterno resplandor de una mente sin recuerdos», me pregunto si alguna vez habrás sentido lo mismo. Yo sigo tejiendo redes oníricas, esperando, como Anna, la casualidad que cambie mi vida. Aunque yo diga que ya no debo creer en ellas, que confunden, que las buscamos, que no existen, que son producto de nuestra necesidad: espejismos en el desierto en el que no existen los idealismos, donde todo es liso, donde todas son iguales y nadie está mirando el horizonte del pasado con mirada de futuro; triste, y confuso, pero igual es futuro. Me volví a trasnochar por tu culpa, juro no volverte a buscar, pero siempre, de alguna u otra forma, la red se sigue tejiendo.

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