miércoles, 20 de febrero de 2013

La contradicción del pequeño burgués y la lucha social.

Comenzando la segunda década del siglo XXI, ¿qué representa la pequeña burguesía? Los teóricos marxistas más puristas la conceptualizarían como aquella parte de la burguesía que posee medios de producción y que compra fuerza de trabajo, pero en una escala mucho menor que la alta burguesía y la clase capitalista. Es decir, a mediados del siglo XIX, la pequeña burguesía era representada por pequeños comerciantes y profesionales que cobraban por honorarios: ingenieros, abogados, médicos, etc. Al ser grande la demanda y muy limitada la oferta, los profesionales surgirían como asalariados hasta la primera década del siglo XX. Una parte significativa de la clase capitalista nació de los profesionales, quienes acumularon grandes cantidades de capital y decidieron invertirlo, aunando que la gran mayoría de ellos provenía de la aristocracia, por lo que realmente fueron pocos los profesionales pequeñoburgueses que ascendieron a la alta burguesía. Con los comerciantes surgió algo similar, fueron muy pocos los que pudieron sobrevivir ante un mercado acaparado por los comerciantes de la alta burguesía, quienes monopolizaban todos los sectores. En Estados Unidos y Europa, durante la Revolución Industrial, aparecería una nueva forma de ascenso a la alta burguesía: la innovación tecnológica hecha por los "inventores", entrepreneurs que serían claves en la consolidación del sistema capitalista. En México, prácticamente no existió a clase "emprendedora", los nuevos "empresarios" germinaban a partir de latifundistas, familias aristocráticas, o en su defecto, de familias extranjeras acogidas por la alta burguesía, los nuevos ricos que surgieron en las últimas décadas del XIX y en las primeras del XX provinieron de la clase política y su nepotismo, de donde también surgió una numerosa pequeño burguesía, siendo los primeros burócratas, los causantes del tal cambio.

Marx murió en 1883 y sus doctrinas filosóficas, políticas y económicas, no pudieron hablar del cambio sustancial que se dio en el sistema capitalista desde la última década del siglo XIX hasta el nacimiento de la producción en masa en 1908. Durante este periodo, los nuevos marxistas trataron de interpretar la realidad, de forma dialéctica, basándose en el materialismo científico. Dejando de lado los cambios ideológicos y las nuevas necesidades que nacían entre el proletariado. El caso de México es muy particular; la alta burguesía mexicana cansada de no tener poder político, como sucedió con la clase criolla en el movimiento independentista o los jacobinos y girondinos de la revolución francesa, decidió confrontar a la alta burguesía con poder político -porfiristas- para ascender al control económico y así beneficiar sus intereses, así nació la Revolución Mexicana y de la misma forma surgiría el ideal de democracia. En México la pequeña burguesía era casi inexistente, la polarización de las clases económicas y sociales eran muy marcadas: latifundistas, profesionales, militares de alto rango, industriales, comerciantes, políticos y viejos aristócratas, conformando la alta burguesía, y por otra parte, el 95% de la población, los obreros y campesinos. La pequeña burguesía quedó entre dos bloques avasalladores; la pequeña, en proporción, pequeña burguesía era conformada por pequeños comerciantes, profesionales sin éxito económico, donde se encontraban los periodistas, escritores y demás actores de la palabra, así como de campesinos que contaban con tierras y militares de rango intermedio.

Miembros de la pequeña burguesía fueron los primeros ideólogos de la evidente revolución: los Flores Magón. La situación no podría ser distinta, el «auténtico» proletariado siempre ha carecido de ideólogos de clase; considero que Marx olvidó mencionar que la «consciencia de clase» poco tiene que ver con la posición económica, su factor más predominante, sin duda alguna, es el idealismo. El idealismo «revolucionario» es una forma grave de tergiversar aquello que no nos parece, el idealismo «revolucionario» siempre estará destino a fracasar por su falso «optimismo» basado en la utopía. Es evidente que tenemos derecho a soñar, incluso, a delirar; el verdadero problema es la falta de voluntad de acción, ¿por qué el pequeñoburgués es el primero en carecer de voluntad de cambio? Primero, porque siente que no es su lucha, quizás su situación no es la «mejor», y claro que está inconforme, pero, ¿quién no está inconforme?

«Yo y mis circunstancias», «afirmaba», Ortega y Gasset desde su perspectivismo, el cuál me parece la mejor respuesta para las preguntas planteadas en el párrafo anterior: pocos estarían dispuestos a luchar por un «cambio», suponiendo que exista aquél cambio. La historia nos ha enseñado que la «burguesía» en ascenso al poder, es la más peligrosa; es la que ha permitido que funcione el motor de la historia, la metonimia marxista de la «guerra de clases». La guerra de clases es una explicación, sin mucha complicación, de la dialéctica. Incluso, algunos, llaman «bastardo» al «materialismo dialéctico» propuesto por Marx, que termina siendo definido como «histórico»; la historia es dialéctica, por lo tanto, la historia de la dialéctica sería una metonomia de la historia del hombre. Contradicción es el concepto clave; contradicción de acción política, contradicción ideológica, contradicción de modus vivendi; no podría ser de otra forma, esa contradicción de acto es natural del ser humano, por ejemplo:

Un activista que jamás ha pasado hambre, decide marchar en pro de la gente en pobreza extrema; su concepto de justicia y «bondad» está basado en circunstancias ajenas, su activismo es honorable, yo también marcharía, el problema surge cuando se da cuenta que él jamás podría actuar desde sí para erradicar un problema. El activista, posiblemente, no tenga conocimiento de causa, en forma directa, ------ haber pasado hambre sería un ejemplo fáctico, lo cuál definiría una convicción personal-- Él puede ser «activista» simplemente por que lo percibe como una injusticia. Es evidente que es una injusticia, la pobreza extrema no debería existir. El problema es que existe, ¿qué se puede hacer más allá de mostrar nuestra condena? Nada, sin conocimiento de causa. Ese es el mayor problema del pequeño burgués en la lucha social: el desconocimiento fáctico de la situación por la cuál surge la lucha social. Las limitaciones del pequeño burgués, respecto a la lucha social, son netamente intelectuales y sentimentales; son percepciones no circunstanciales, una perspectiva en tercera persona. Lo anterior no significa que yo esté de acuerdo con el sistema capitalista y su maquinaria explotadora, simplemente me parece imposible que la dialéctica siga su curso desde la misma trinchera; no se puede ser juez y parte. La pequeña burguesía «revolucionaria» no está dispuesta a renunciar a sus «conquistas», por eso ha inventado ideologías «a doc» con su contradicción de clase: la socialdemocracia, y el socialismo democrático, que no son lo mismo, son el ejemplo perfecto. Ideológicamente, podrán luchar contra las injusticias de mundo, pragmáticamente, sólo pueden actuar conforme a su realidad y sus circunstancias, que no son las mismas que las de «por los que pelean»: el auténtico proletariado sólo podrá tener poder si actúa por sí mismo, si todos los hambreados lucharan contra los que tienen que comer, entonces, ellos serían la nueva burguesía.






1 comentario:

  1. La codicia obsesiva y sin límites de los ricos del primer mundo aliada a
    la corrupción que practican las oligarquías de los países en vías de
    desarrollo, constituyen un gigantesco complot de muerte.

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