martes, 19 de febrero de 2013

El hombre ridículo que intentó matar a Hipnos.


Soy un hombre ridículo, tan ridículo, que soy consciente, ahora mismo, de que estoy plagiando a Dostoievski. Y no es presunción, pero el "hombre ridículo" de Dostoievski es la encarnación proyectada de muchos humanos que estamos cansados de estar cansados. Naces, sueñas, creces, sueñas, te reproduces, sigues soñando, llegas a la vejez y sigues soñando: ¿seguiremos soñando después de la muerte? Esa es la enfermedad de todo aquél que gaste tiempo en letras: escribimos porque las letras, categóricamente, fueron creadas para soñar. Las letras son sueño, y los sueños letras son.

Muchos escribimos para no pegarnos un tiro, para replantear la vida cada vez que estamos frente a la página en blanco, no es necesario publicar, ni tener lectores, mucho menos ser famoso: la escritura es una función fundamental del ser que dice ser, no podemos pasarnos de largo, soñando y viviendo en las letras, sueños, de alguien más. Ésta es la historia de un hombre ridículo, de un hombre que se sintió más grande que la vida, que Dios y que el amor, que intentó burlarse de lo no-se-qués, que fue víctima de sus propios sueños y protagonista de sus propias pesadillas; que ahora busca, en la oscuridad, una motivación, una nueva vida, un nuevo sentido para ser y dejar de ser una simple máquina de sueños.


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