domingo, 4 de noviembre de 2012

Tratado de noche de domingo.


¿Sabes? Detesto que desnudes mi mirada, soy un tipo que no mira a los ojos por el temor a ser descifrado, realmente estoy convencido de que los ojos son el espejo del alma.

Tal vez soy una de esas aberraciones populares que afirman que verbo mata carita; y no te lo negaré, pero considero que soy mejor escritor que discursista y por eso narro el momento, esperando a que sólo tu puedas codificar el verdadero sentido de éste «tratado de noche de domingo», mis lectores, si es que tengo, tal vez considerarán que soy un cínico, tampoco lo niego, lo soy y disfruto serlo.

A la mala aprendí que en el «amor», las casualidades no existen. Vamos ligando suceso tras suceso y siempre le queremos dar, a todo lo que hacemos, ese toque de «diferencia», también a todos los momentos que consideramos trascendentales, incluso a las personas que se nos cruzan por la senda que vamos trazando a cada instante. Pero realmente sería un patán si no te dijera que disfruto mucho de lo que «depara» el destino, de observar todas las cadenas de sucesos y procesos que desembocan en pequeños golpeteos sobre el teclado de mi laptop que posteriormente, por un shock eléctrico, se codifica en una letra «virtual»; que en conjunto codifican, de nuevo la palabrita, mis pensamientos más sinceros en palabras que tratan de convertir fenómenos cotidianos en literatura pura. Yo desconfiaría de los escritores, solemos confundir la literatura con la realidad y te pido disculpas, como a todas las musas, de tener la morbosa necesidad de retratarlas en mis relatos.

Un escritor portugués, Fernando Pessoa, escribió lo siguiente:
Todas las cartas de amor son ridículas. No serían cartas de amor si no fuesenridículas. También escribí en mi tiempo cartas de amor, como las demás, ridículas.Las cartas de amor, si hay amor, tienen que ser ridículas.Pero, al fin y al cabo, sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amorsí que son ridículas.Quién me diera en el tiempo en que escribía sin darme cuentacartas de amor ridículas.La verdad es que hoy mis recuerdos de esas cartas de amor sí que son ridículos.(Todas las palabras esdrújulas, como los sentimientos esdrújulos,son naturalmente ridículas).


Soy un hombre ridículo, y naturalmente, esa es mi forma de ser. No escribo cartas de amor porque el medio ha evolucionado, y con ello, también su grado de ridiculez. Exhibo al mundo mis epístolas y me muestro como lo que soy: un simple sujeto que disfruta de «explayarse» a través de lo que podría ser considerada como literatura adolescente. Nadie sabe quien eres, nunca te exhibiré, pero estarás entre mis lineas taciturnas.

No desesperes, ni te des por vencida. Que si buscabas un poeta; ya lo tienes. Puedo ser tu poeta, tu juglar, tu cuentista, tu ensayista, tu novelista, tu pareja, tu novio, tu amante, lo que decidas que sea. Pero no me pidas que no te escriba, que no habites en éste mundo que es un poco más lindo que el que está allá afuera. Rómpeme las rimas, los paradigmas, los clichés, pero no destruyas mi ilusión de ser rehabilitado. Atrévete, tienes mucho que perder, lo sé; pero salta al vacío y no te arrepentirás, que muchas veces, las malas compañías son las mejores.

«Por decir lo que pienso sin pensar lo que digo, más de un beso me dieron (y más de un bofetón).» - Joaquín Sabina en «Tan joven y tan viejo». 

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