lunes, 5 de noviembre de 2012

Qui peut dire?





Les jours, tous, plus ou moins se ressemblent et les nuits. Mais qui peut dire, demain sera comme aujourd'hui? Qui peut être assez sûr? - Françoise Hardy. 

(Los días y las noches, todas, mas o menos se parecen, pero quiero que me puedas decir: ¿mañana será como hoy? ¿Qué tan segura estás de que lo sea?)

Si basta decir que no tengo palabras para explicarte el éxtasis que esa noche sentí a tu lado, me resigno a vivir para siempre en el barrio de los corazones abandonados, esos seres que no pueden beber las mieles agridulces que emanan de la fuente del pecado. Un escritor checo, que tiene mucha responsabilidad de mi extraña concepción de amor, citaba en su obra más famosa: [...] - El tiempo humano no da vueltas en redondo sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir. Sí, la felicidad es el deseo de repetir [...] Si, efectivamente, la felicidad es el deseo de repetir: quiero que mis manos, durante un tierno y largo beso, acaricien de nuevo tu cintura, que sientas como se desliza cada uno de mis dedos a través del frío suéter que supuestamente te protegía de las inclemencias del clima. Estrecharte en mi pecho, besar tu cuello y prometer que el momento es el momento; que no existen mañanas, mucho menos pasados. Que el tiempo es un simple espectador de esa escena que permanece filmada en nuestras pupílas, más allá del trajín rutinario de una noche de sábado. Morirme de nervios cada vez que tratas de encontrar mi mirada, acariciar tus manos, robarte el aliento, robarte un poco de aquello que tanto me falta y darte un poco de aquello que tanto necesitas. Contar nuestras penas, nuestras inquietudes, saber que estamos, y aunque no debamos quererlo, pretender que todas las noches sean como esa noche; llenas de pasión, de ilusiones, de tener los pies en la tierra y pretender que las cosas sean mejores. 

Yo no quiero que tu amor sea como la lluvia de esa noche, intermitente. Tampoco quiero que tu pasión se quede almacenada en mi baúl de recuerdos, porque mi irracionalidad precisa más. Más de ti, más de tu voz, más de tu aliento. Estamos parados, en medio de la noche, esperando el adiós, queriendo que el tiempo se pueda detener, que la lluvia no nos moje, que la humedad del ambiente permanezca ajena a lo que es esencialmente nuestro. No sé si habrán más noches como esas, pero créeme, mujer de piernas largas, que lo deseo con la misma pasión que me nace cada vez que te retrato en mis textos...

Y el mundo seguirá su curso, como siempre lo ha hecho, pero quedan nuestros besos, las palabras que te di, tus caricias, aquello que no me quisiste decir. 

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