jueves, 29 de noviembre de 2012

Espalda blanca.


Mis dedos recorren tu espalda blanca,
te cuento que es muy hermosa,
tú sonríes y me dices que no es cierto.

Deshebro cada poro de piel e intento robar tu alma,
tu alma eterna, tu alma tan volátil; tan cambiante.
Trepo por el vacío de tu pasado,
ni si quiera me atrevo a averiguarlo.

Me sumerjo en tus ojos miopes;
que tal vez son más verdes que hace un momento.
Buceo entre tus extasiadas pupílas,
me matan tus dudas,
me destrozan los fantasmas que habitan
hasta mi rincón más oscuro.

Dentro, todo es caos, pero tu presencia,
podría salvar mi alma.  

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Piensa en mi.

Piensa en mí cuando beses, cuando llores también piensa en mí. Cuando quieras quitarme la vida, no la quiero para nada, para nada me sirve sin ti. - Agustín Lara

En la posmodernidad, un tweet puede ligar un amor «extraño» con una de las canciones más hermosas del inconsciente colectivo. No sé si ese piensa en mi era para mi, pero lo asumo, porque yo todo el tiempo pienso en ti: tu-sabes-quien-eres.

Ángeles Mastretta también utilizó una canción del «flaco de oro» para titular una de sus novelas: «Arráncame la vida», Ángeles Mastretta y yo no tenemos nada en común, de hecho, nunca he leído nada de ella, y sé que no son buenos los prejuicios, pero su lectores hacen que no se me «antoje» leerlo. 



 Me gustaría ser breve, decirte que el verbo piensa sumado con la palabra «mi», puede ser producto de múltiples polisemias. Piensa en mi (es decir, en tu humilde servidor), para guitarristas, piensa en mi, podría ser una metonimia de pensar de forma «estándar» (La guitarra generalmente se afina en Mi), piensa en Josemi: ese como me gustaría. Decirte que pienses en mi no sería equivalente a decirte que pienses en do, o que pienses en fa: pero te pido que pienses en Josemifasolasi, porque él cumple su cometido.

Me gustan las sincronías; esas canciones, esas frases, esos autores, esos olores, esos sabores, esas palabras que llegan en el momento preciso. Dirás: ¿por qué lo relacionó con la guitarra? Ella fue la que ocasionó todo lo sucedido. Te he platicado de mi tío el ciego, el que es guitarrista: me acerqué a él para que me enseñara una técnica de interpretación de boleros: ¿adivina cuál tocó para ejemplificarme? Piensa en mi. Lo tomé como un mensaje, y si pensaba en ti, ahora lo hago más. Porque te extraño, porque estoy alerta, porque tengo que retratar esos pequeños momento que a veces parecen mentira: ¿recuerdas que un día de eso te hablé camino a tu casa?

Ahora esa canción, es tú canción y puedes estar segura que seguiré pensando en ti; a todo momento, en cada gesto, en cada linea que escriba allí estarás... Siento que ésta entrada está muy incompleta, pero no tengo nada que agregar: seguiré pensando en ti.

Nadie mejor para cantar esa canción que la Vargas:



domingo, 25 de noviembre de 2012

Hoy, como casi siempre.

Hoy, como casi siempre, amanecí de mal humor. Esta vez había algo distinto, el subconsciente (a modo de sueño) me acababa de señalar aquello de lo que no me había percatado: ¿Tan contradictorio puedo ser entre lo que manifiesto y lo que puedo hacer? Esta vez, sí lo sé, y sí, sí lo puedo ser.

Y es que me duele pretender un «amor» civilizado: matar al amargado y a la mala persona que suelo ser; duele porque tal vez esa sea una forma alejarte. Quizás, te hice caer en desamor, y toda la «buena» imagen que tenías, murió: eso es lo que soy, y lo que siempre fui: soy una mala persona. Podría decirte, ególatramente, que no lo percibo así, que nunca pierdo: no me duele perder por ti; es que llenas de luz mi oscura forma de ver la vida, llenas de tacto mi visceral trato a la gente, llenas de silencio los gritos de una quimera encadenada que vomita palabras. Me duele tu premeditada indiferencia, pero me duele más el no poder ni siquiera saber que es lo que pretendes: estoy derrotado, y los corazones rotos, como me dijiste, no sólo duran cinco minutos cuando crees haber visto la revelación.

Y tal vez sea un acto de fe, un reflejo de poeta trasnochado. Pero el Dios bajó del Olimpo para internarse en los mares de tus misterios para poder crecer; si te vas, ese es mi consuelo: me has mostrado que, tal vez, la gente puede cambiar y estoy comenzando por mi mismo. Cuando fui martillo no tuve piedad, ahora que soy yelmo, preciso paciencia. Puede ser que ya hayas emprendido tu vuelo, que sólo hayas sido un ave de paso, un amor de una vez, pero esa vez abrió ese candado que creí blindado: anteponerme ante alguien.

¿De qué sirve saber tanto si no se puede sentir? Esa pregunta ya la pude resolver: ¿sabes cómo? chocando contra esa enorme pared que has puesto entre nosotros, ese silencio de hielo que no dice nada, esas manos yertas que no revelan sus mapas, esos labios que se esconden entre junglas de dudas, miedos y tabúes.

Cómo me gustaría amarte, cómo me gustaría perderme, cómo me gustaría cumplir aquello que predicaba Benedetti: Quererte sin preguntas, que tu me quieras sin respuestas, si tan sólo se pudiera obtener lo que se quiere...

Hoy, como casi siempre, soy consciente de lo contradictorio de mi existencia, pero hoy hay algo distinto, hoy me interesa que no siga siendo así.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Los pájaros de tu boca.

Me contengo de liberar los pájaros de tu boca,
de perturbar esa pasión tan tuya que me atrae como el flautista de Hamelin,
aunque yo no sea una rata.

No saber a donde podemos llegar,
permitir anular mi «pesimismo»;
querer ver el lado más amable de la vida.

Pensar los pasos en falsos,
mantener la mirada fija en tus ojos llenos de mañana,
querer liberar, de nuevo, los pájaros de tu boca y volar...

Volar hacia donde ya no tengo nada que temer,
donde me puedes matar,
donde me puedes renacer.

Donde no importa lo que se sabe,
donde sólo sirve sentir,
saber que estarás allí,
con la llave que me haga liberar los pájaros de tu boca.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El porvenir.

¿Para qué tomar el tiempo, si el tiempo nos tomará a nosotros?

Cuando me siento a escribir, trato de detallar las paradojas más inquietantes de mi mundo: mis contradicciones, mis vicios, mis culpas, mis complejos. Analizo cada palabra de lo que pretendo proyectar, soy severo conmigo mismo. Me molesto cuando no tengo noticia suya en todo el día, estoy al pendiente de su llamado, de esta naciente necesidad por querer estar con ella. Podría blasfemar y jugar al amante idealizado, creer que es un soplo la vida, que algún día volveré con la frente marchita. Hoy, más viejo, más cansado; pretendo que el tiempo y su devenir sean meros espectadores de la obra que presento a cada instante. Busco llenar mi vacío existencial en cada gesto, en cada frase, en cada latido; ocultar mi insensatez con enamoramiento: querer dar lo mejor de mi, ¿qué más puedo ofrecer?

Algún día creí tener respuesta, hoy sólo tengo dudas, y esta soledad que hace que jamás esté solo, me habla de aquellos efectos colaterales que ya he conocido y que no quiero volver a padecer: no es un intento de ascesis, tampoco es un ideal egocentrista, es un reflejo contra el sufrimiento, una forma de engañar al dolor con los placeres. Sentirme más allá de lo «humano», creer que tengo mi propia forma de percibir el medio, a veces, tratar de imponer un punto de vista que ni yo mismo comprendo. «Todo pasa y todo queda», inventar nuevas realidades, restarle al cero, buscarle otra pata al gato. Entonces, salgo de mis vicios y me interno en vicios ajenos, que a veces confundo con virtudes.

No puedo engañar a la gente, no fui programado para soportar la desdicha, pero a veces tengo que mentir para poder mantenerme a flote en éste mundo tan incomprensible. Pensar demasiado, esperar poco, querer mucho: ¿dónde está mi coherencia si realmente me siento «dependiente»?

Quiero creer que mañana será mejor que hoy; ayer dije lo mismo. Me burlé de los «enamorados», hoy soy uno de ellos. Me burlo de los que viven en el futuro, quiero vivir mi futuro con ella. Ella no lo puede saber, no puedo mostrar debilidad, eso no lo hace la gente «pensante». Detesto que ella dude tanto como lo hago yo, y me veo del otro lado. Escribir «poesía» «romántica», olvidar mi esencia crítica sobre el amor, abusar de sus narcóticos y querer aprender: no juzgar, no esperar, querer «racionalmente», atormentarme con mi pasión por la tragedia; esa que siempre llegará, esa que siempre espero, incluso de ella...

Seguiré, nos han engañado con el porvenir, pero yo viviré lo que me toque; estaré conforme con aquello que suceda: creo que a eso le llaman madurar.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Sin título.

Perderme en el clamor de tu mirada, en sus destellos de futuro,
ignorar mi itinerario y viajar por la senda que siempre he querido recorrer.
Llenar de poesía cada nervio de tus pupilas y recordar mi origen, saber que eres mi Ítaca,
la tierra prometida a la que vuelvo. 
Besar tu talle, recorrer tus caminos, y como un pionero, archivar cada ruta en nuevos mapas,
en cartas de una geografía desconocida que se descubre a cada instante.
Dejar el exilio y volver a tus labios, ansioso de liberarme de las cadenas que tanto me han reprimido.
Viajar por tus mares violentos, guiado por el faro de tu puerto que juro ya conocer.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Qui peut dire?





Les jours, tous, plus ou moins se ressemblent et les nuits. Mais qui peut dire, demain sera comme aujourd'hui? Qui peut être assez sûr? - Françoise Hardy. 

(Los días y las noches, todas, mas o menos se parecen, pero quiero que me puedas decir: ¿mañana será como hoy? ¿Qué tan segura estás de que lo sea?)

Si basta decir que no tengo palabras para explicarte el éxtasis que esa noche sentí a tu lado, me resigno a vivir para siempre en el barrio de los corazones abandonados, esos seres que no pueden beber las mieles agridulces que emanan de la fuente del pecado. Un escritor checo, que tiene mucha responsabilidad de mi extraña concepción de amor, citaba en su obra más famosa: [...] - El tiempo humano no da vueltas en redondo sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir. Sí, la felicidad es el deseo de repetir [...] Si, efectivamente, la felicidad es el deseo de repetir: quiero que mis manos, durante un tierno y largo beso, acaricien de nuevo tu cintura, que sientas como se desliza cada uno de mis dedos a través del frío suéter que supuestamente te protegía de las inclemencias del clima. Estrecharte en mi pecho, besar tu cuello y prometer que el momento es el momento; que no existen mañanas, mucho menos pasados. Que el tiempo es un simple espectador de esa escena que permanece filmada en nuestras pupílas, más allá del trajín rutinario de una noche de sábado. Morirme de nervios cada vez que tratas de encontrar mi mirada, acariciar tus manos, robarte el aliento, robarte un poco de aquello que tanto me falta y darte un poco de aquello que tanto necesitas. Contar nuestras penas, nuestras inquietudes, saber que estamos, y aunque no debamos quererlo, pretender que todas las noches sean como esa noche; llenas de pasión, de ilusiones, de tener los pies en la tierra y pretender que las cosas sean mejores. 

Yo no quiero que tu amor sea como la lluvia de esa noche, intermitente. Tampoco quiero que tu pasión se quede almacenada en mi baúl de recuerdos, porque mi irracionalidad precisa más. Más de ti, más de tu voz, más de tu aliento. Estamos parados, en medio de la noche, esperando el adiós, queriendo que el tiempo se pueda detener, que la lluvia no nos moje, que la humedad del ambiente permanezca ajena a lo que es esencialmente nuestro. No sé si habrán más noches como esas, pero créeme, mujer de piernas largas, que lo deseo con la misma pasión que me nace cada vez que te retrato en mis textos...

Y el mundo seguirá su curso, como siempre lo ha hecho, pero quedan nuestros besos, las palabras que te di, tus caricias, aquello que no me quisiste decir. 

domingo, 4 de noviembre de 2012

Tratado de noche de domingo.


¿Sabes? Detesto que desnudes mi mirada, soy un tipo que no mira a los ojos por el temor a ser descifrado, realmente estoy convencido de que los ojos son el espejo del alma.

Tal vez soy una de esas aberraciones populares que afirman que verbo mata carita; y no te lo negaré, pero considero que soy mejor escritor que discursista y por eso narro el momento, esperando a que sólo tu puedas codificar el verdadero sentido de éste «tratado de noche de domingo», mis lectores, si es que tengo, tal vez considerarán que soy un cínico, tampoco lo niego, lo soy y disfruto serlo.

A la mala aprendí que en el «amor», las casualidades no existen. Vamos ligando suceso tras suceso y siempre le queremos dar, a todo lo que hacemos, ese toque de «diferencia», también a todos los momentos que consideramos trascendentales, incluso a las personas que se nos cruzan por la senda que vamos trazando a cada instante. Pero realmente sería un patán si no te dijera que disfruto mucho de lo que «depara» el destino, de observar todas las cadenas de sucesos y procesos que desembocan en pequeños golpeteos sobre el teclado de mi laptop que posteriormente, por un shock eléctrico, se codifica en una letra «virtual»; que en conjunto codifican, de nuevo la palabrita, mis pensamientos más sinceros en palabras que tratan de convertir fenómenos cotidianos en literatura pura. Yo desconfiaría de los escritores, solemos confundir la literatura con la realidad y te pido disculpas, como a todas las musas, de tener la morbosa necesidad de retratarlas en mis relatos.

Un escritor portugués, Fernando Pessoa, escribió lo siguiente:
Todas las cartas de amor son ridículas. No serían cartas de amor si no fuesenridículas. También escribí en mi tiempo cartas de amor, como las demás, ridículas.Las cartas de amor, si hay amor, tienen que ser ridículas.Pero, al fin y al cabo, sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amorsí que son ridículas.Quién me diera en el tiempo en que escribía sin darme cuentacartas de amor ridículas.La verdad es que hoy mis recuerdos de esas cartas de amor sí que son ridículos.(Todas las palabras esdrújulas, como los sentimientos esdrújulos,son naturalmente ridículas).


Soy un hombre ridículo, y naturalmente, esa es mi forma de ser. No escribo cartas de amor porque el medio ha evolucionado, y con ello, también su grado de ridiculez. Exhibo al mundo mis epístolas y me muestro como lo que soy: un simple sujeto que disfruta de «explayarse» a través de lo que podría ser considerada como literatura adolescente. Nadie sabe quien eres, nunca te exhibiré, pero estarás entre mis lineas taciturnas.

No desesperes, ni te des por vencida. Que si buscabas un poeta; ya lo tienes. Puedo ser tu poeta, tu juglar, tu cuentista, tu ensayista, tu novelista, tu pareja, tu novio, tu amante, lo que decidas que sea. Pero no me pidas que no te escriba, que no habites en éste mundo que es un poco más lindo que el que está allá afuera. Rómpeme las rimas, los paradigmas, los clichés, pero no destruyas mi ilusión de ser rehabilitado. Atrévete, tienes mucho que perder, lo sé; pero salta al vacío y no te arrepentirás, que muchas veces, las malas compañías son las mejores.

«Por decir lo que pienso sin pensar lo que digo, más de un beso me dieron (y más de un bofetón).» - Joaquín Sabina en «Tan joven y tan viejo».