miércoles, 18 de julio de 2012

De canciones, decepciones, elecciones y algo más.


¿Qué sería de la "lucha" social sin sus lindas canciones? El problema es que yo soy un dieciochoañero que nació en desfase, parece que me quedé en los 70's; claro que he asistido a marchas, plantones, mitins, y demás eventos, para que la "izquierda", aunque a veces no la señalen así, se haga notar y exija aquello, que aunque sea muy rosa, me parece necesario. Abandoné momentáneamente mi blog porque tenía muchas ideas y mis letras estaban sobresaturadas: problemas amorosos, mi fracaso en el Colmex, mi decepción de la Escuela de SOGEM, mis pleitos interminables con las matemáticas, el fraude electoral, mi decepción del "zombismo" obradorsista, los interminables problemas de grilla en la UAQ, etcétera, etcétera.

Pero volviendo a las canciones, quizás se esté "gestando" el movimiento social que tanto esperé, aunque no confío en los que tratan de monopolizar el "movimiento", los yosoy132, me parece que es un gran adelanto que los "progres" estemos tratando de hacer algo distinto, si queremos resultados diferentes, tenemos que hacer lo que nunca hemos hecho. El problema es que no hay rosas; las flores, los de postura abundan, nadie me hace creer que bajo los adoquines hay playa, nadie me habla de idealismos; ni de ideologías imposibles, no puedo gritar "Socialismo o muerte", no hay locos radicales, nadie canta La Internacional.  La gente no se interesa, no se quiere vivir la utopía; parece que todo se centra en la elección y en que Enrique Peña Nieto no sea presidente. Tal vez yo pido demasiado, tal vez son otros tiempos; nadie canta a Víctor Jara, ni a Quilapayún, ni siquiera gritan esa consigna clásica de "El pueblo unido jamás será vencido", ahora cantan a Molotov, se ideologizan con tipos tipo Indiana Jones  Javier Sicilia, que exigen no ver Televisa y que la gente se ponga a leer, cuando sus cartulinas están llenas de errores ortográficos; ahora comprendo el significado de la posmodernidad.

Ya no hay marxistas, ni trotskistas, ni siquiera gente que abiertamente se considere no demócrata, mucho menos "anarquistas"; pienso que uno era "rojo", tal vez, por herencia; al menos entre los exiliados así era, otros por pose, muchos otros para seducir a las rojas, otros lo eran porque buscaban una identidad, otros porque el "arte", el esnobismo y la "intectualidad" lo veían como requisito, en fin. Era un ideal ciego, un ideal sin futuro, pero existía esa actitud, y sobre todo, esa ingenuidad que me gustaría tener: mi derrotismo es grande.

Me he resignado a que Enrique Peña Nieto será presidente, pondré mi propia empresa y estudiaré Derecho, quizás, dentro de unos años, use mis títulos universitarios como si fueran títulos nobiliarios y criticaré a los jóvenes "rojillos", que espero que sigan existiendo, un tío me dijo una vez: "El socialismo es como el acné, se va con la edad, pero si no lo cuidas, adecuadamente, deja marcas que llevarás por el resto de tu vida", el problema es que yo ni siquiera puedo soñar con esa utopía, al parecer, todo lo que está fuera de los partidos políticos es estúpido e intolerante: ahora entiendo el eterno fracaso de la "izquierda" mexicana. Tal vez el que está mal soy yo, tal vez el ingenuo soy yo; por lo pronto, ya no intentaré cambiar al mundo, simplemente intentaré que el mundo no me cambie a mi, y ya dejaré esa hipocresía de rebeldía ante el capitalismo, que tanto me ha dado, ya no renegaré de todo; aceptaré lo bueno, seguiré reprochando lo malo y nunca olvidaré que tengo que caminar por la senda del bien común; no sé que me depare la vida, pero espero que pueda leer esto sin ver que soy todo lo que no quise ser.

Y bien, creo que a eso se referían con madurar: cortaré mi cabello, me rasuraré todos los días, pero como dice San Luis Eduardo Aute: "Queda la música". Nos quedan esas canciones de Viglietti, de André de Fabrizio, de Silvio, de Pablito, de Llach, de Paco Ibáñez, de Dylan, de Cohen, de Brel, de Brassens, de tantos que siempre tendrán algo que decir cuando necesitamos mucho que escuchar.