jueves, 12 de abril de 2012

¿Por qué votaré por Andrés Manuel?

Mi postura frente a las próximas elecciones presidenciales ha sido muy criticada en mi círculo de amistades: ¿la cuestión? Un «rojillo» que apoya a Andrés Manuel López Obrador.

Soy enemigo de la democracia, a ser sincero, aún no encuentro un sistema político de mi agrado, pero si nos ofrecen la «vía democrática», debemos tomarla. Precisaríamos mandar al carajo a las instituciones, a las asociaciones y los partidos políticos, a las elecciones y todo aquello que la cívica del siglo XXI llama participación ciudadana, pero desgraciadamente, no puede ser así sin derramar sangre.  Decía Charles Bukowski que: "La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las ordenes", y el literato estadounidense tenía razón: los sistemas políticos democráticos, teóricamente, tienen como base la política de masas, pero el pueblo es un simple «jugador» que emite su voto para dar sustento legal a una decisión masiva, entonces: ¿La democracia representativa beneficia en algo? Sí, puede llegar a serlo, pero para eso es preciso forjar instituciones netamente ciudadanas, no quedarnos en organismos públicos autónomos, y mucho menos, en partidos políticos. Los sistemas parlamentarios son necesarios para otorgar voz a quien se interese en la política, lo que no crea una política de masas; incluso en las dictaduras encontramos regímenes monopartidistas, irónicamente, el país «adalid de la democracia» no dista mucho de un monopartidismo, es un bipartidismo que hace optar al pueblo entre una derecha moralmente liberal y otra derecha moralmente conservadora, claro, entendiendo liberal en el sentido clásico: liberalismo económico, capitalismo, libre competencia, etc; entonces, ¿Dónde está la democracia?

El camino a la utopía que he trazado precisa pasar por la socialdemocracia en una fase inicial, y la socialdemocracia bien aplicada es una política de masas, pues busca incluir en la escena a todos los actores y factores económicos y sociales, en beneficio de los más necesitados. Todo sistema político, no tiránico, necesita tener tres objetivos centrales: la búsqueda de la igualdad, el sentido universal e imparcial de la justicia y la inclusión verdadera del pueblo en la agenda pública, donde el pueblo exige y el gobierno cede ante él.

Para correr, primero tenemos que aprender a caminar, y es por eso que por la vía pacífica se tiene que buscar una verdadera política de masas, y para ello es preciso un cambio. No hablaré del resto de los candidatos, pues considero obvio su rechazo por parte del tipo de destinatario que busco para este mensaje. Yo sé que Andrés Manuel López Obrador no es socialista, ni siquiera es un hombre de izquierdas, también se que no busca la emancipación del proletariado, pero estoy convencido de que realmente tiene un interés certero en el cambio, en la evolución del país, para que algún día crezca la semilla del progreso y podamos cosechar los frutos: Así nacerá la nueva república de México, en la que la democracia es verdadera, en que las instituciones son del pueblo,  donde los actores políticos realmente están interesados en la agenda pública y no sólo en su agenda privada. Quizás, sólo así, se pueda llegar al poder un gobierno del pueblo para el pueblo, Allende nos lo demostró: La presión pacífica puede traer grandes progresos. 

Anarquistas y socialistas, en todas sus variantes, en vez de enemistarnos, debemos unirnos. Un voto en las urnas es un paso a la utopía, porque quizás, confiemos, por fin podamos volver a sembrar un movimiento obrero de verdad, una educación que enseñe a aprender, no una que enseñe a obedecer, una justicia que sea ciega y que juzgue igual al rico que al pobre, una economía sustentable que mantenga al mercado en función del pueblo y no de las transnacionales; estoy seguro que López Obrador también lo quiere y que lo logrará. Esas «pequeñas» medidas no deberían ser propuestas de campaña, son obligaciones del Estado Mexicano y la Constitución Política de 1917 las estipula, todas, en conjunto, eso ya está legislado, pero nunca ha sido llevado a la práctica.

México fue un país vanguardista en materia de lucha social, pero nuestro divisionismo ha frenado nuestro progreso, hubo una Reforma Agraria: el campo sigue muerto, existe una Ley Federal del Trabajo, hoy más que nunca existe la explotación. Si vamos a irnos por el camino institucional, precisamos que el pueblo vuelva a tomar su control, no un puñado de empresas y tecnócratas que son sus sirvientes.

Un voto por López Obrador es una luz de esperanza, para que podamos tener el sistema político representativo que tanto anhelamos, seguirán los problemas de siempre, pero se fundará la base del cambio, de la evolución, del progreso, de la auténtica democracia: el gobierno de todos, para todos. Precisamos recuperar la economía mixta en primera instancia, comenzar un efectivo programa de sustitución de importaciones, subsidios a la educación y a la salud, que la política económica de nuestro país se tome en sus respectivas secretarías y no en el Fondo Monetario Internacional, que el país se enfile en el rumbo de la autodeterminación. Si nos mantenemos en esa vereda, algún día, espero, podrá llegar eso que tanto anhelamos: la auténtica justicia social. 


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