miércoles, 7 de septiembre de 2011

Una muerte y dos suicidios.


Estás sola, completamente desconsolada por la partida de tu novio que hacía un mes que te había pedido matrimonio; tú lo aceptaste pero dudaste en todo momento. Llevabas mucho tiempo en el escepticismo amoroso y habías otorgado por más decencia y compromiso que por gusto, su relación era monótona y desde un inicio completamente condenada al fracaso.

Te mudaste de ciudad y cambiaste tus usos y costumbres por él; nunca pensaste un plan alterno. Una noche bebiste dos vasos de fina absenta que te había enviado a tu consultorio tras mi viaje por Europa Oriental, el alcohol te embriagó enseguida y dentro del dulce candor del estado alterado de conciencia decidiste afrontarlo, le dijiste que no podías seguir la farsa y que no pensabas vivir atada a él, que los sueños e ideales nunca pasaron de eso y que todo tu amor era producto de un estereotipo. Él no lo soportó, tomó sus cosas y partió hacia la nada no andante.

A la mañana siguiente tus brazos dejaron de sentir esa pesada levedad, te bañaste, te admiraste y decidiste comenzar el camino a tu libertad. No asististe al hospital, él trabaja en el mismo, tomaste las llaves de tu auto, subiste un maletín y batiste las alas sin rumbo, ni fin; sólo te guiaba tu espíritu de emancipación.

Llegaste a un pequeño pueblo, alquilaste una pequeña casa con amplio jardín e instalaste un consultorio. Una noche sentiste náuseas y llevabas dos meses sin tu periodo, estabas embarazada.

Tu complejo libertario cayó por los suelos, volviste a la ciudad para buscar al padre y recibiste la noticia más estremecedora de tu vida; Se inyectó una dosis mortal de morfina hacía dos semanas. Todos desconocíamos tu paradero, entraste en locura; tú y tus entrañas no podían ser una.

Una noche decidiste buscar consuelo de Dios, entraste a una iglesia, llevabas un revólver; rasgaste tu vientre con un puñal y mientras tu cuerpo se drenaba, frente a un crucifijo, decidiste accionar el gatillo y terminar con tu existencia.

En tu epitafio escribieron: "Dios los tenga en su gloria" y un ex-novio de tu mocedad escribió en sus notas lánguidas: "No hay dos sin tres".

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