sábado, 27 de agosto de 2011

La tarde de agosto.




"Cuanto más cerca estoy de allá, más lejos estoy de allí..."

Recorriendo los ríos manriquíticos que solemos llamar vida, observo desde primera fila, nuestro atardecer de una tarde de agosto. Observo, porque veo lo que proyecta mi cuerpo, esta vez de una forma consciente; me doy cuenta que me doy cuenta.

A veces me cuesta creer que soy producto de una reacción bioquímica realizada en el tálamo o en el hipotálamo. Esta tarde soy testigo del llanto de alegría y de la nostalgia que nos produce ver sus ojos llenos consciencia, de ayer y de mañana; ese mañana que nunca llega, que vela nuestras vidas como el horizonte o la utopía, que siempre está allí perfectamente ausente, lejos, perdido en lugar indeterminado que queremos determinar como presente. El mañana es para siempre.

Vivimos y queremos que el mundo se centre en nuestras vidas llenas de miedo, paranoia y expectativa idealista. Algunos nos llamarían modernos, otros utopistas, cualquiera ridículos, pero en esta tarde de agosto, sólo somos tú, sólo somos yo, sólo es él, sólo es ella, sólo somos nosotros, no existen ellos y mucho menos ustedes.

Porque despiertas toda esa pasión que sólo siento cuando hablo de proyecciones hermosas como el anarquismo, el comunismo libertario o la ascensión del superhombre nietzscheano. Siempre estás allí, pero esta tarde, me gusta darme cuenta de que eme doy cuenta que estamos allá; allá, donde las leyes no aplican y donde el único dogma que existe es el dogma de no tener dogmas.

Agitas una pequeña esfera souvenir de Paris que descansa sobre mi colección de Rimbaud, nos encogemos a tamaño casi invisible y despegamos al delirio desde el aeropuerto de mi librero en un Boeing 474 de Air France a escala 1:400 que utiliza de pista "La Peste" de Camus...

El mundo no importa y me siento como una melosa nota dentro de alguna Gimnopedia de Satie, a ti te percibimos como salida del fuelle del bandoneón de Piazzolla y jugamos sin solemnidad; la tarde de agosto es la tarde del delirio.

Ya no te exigimos respuestas y la última pregunta quedó tendida en el mundo real, sobre mi cama, en el plano perecedero que vivirá del recuerdo. Salimos al mundo que tenemos que comer y recorremos ese río manriquítico que en este instante se vuelve uno, en ese instante no corren nuestras almas como dos ríos paralelos, no nos preguntarnos donde se volverán a bifurcar y vivimos este pequeño lapso del trayecto como si fuese la vida misma.

Suelo burlarme de la tercera dimensión, pero nos besamos en ella, sobre un Citroën azul convertible, al pie de la torre Eiffel. Visitamos el mundo de las ideas y bajo un estante de diseño, en medio de ese mundo medio absurdo y medio bohemio, a un niño rodar como los troncos jóvenes de un olmo que no llegará a viejo, planeamos nuestras vidas y pensamos en nuestros retoños; en los arroyos que algún día nacerán de nuestros coplados ríos manriquíticos...

Viviremos en la eternidad del mundo paralelo que siempre está en nuestros más apreciados recuerdos, porque soy sinceramente tuyo, aunque tu no pretendas ser mía, porque eres libre como me gustaría serlo, porque eres tú aunque a veces no esté de acuerdo, porque no te quiero cambiar, porque haces esos idealismos que nacen mi amor sin eufemismos.

Así es la vida, así es el amor y así es el recuerdo de aquella tarde de agosto en la que le he vuelto a robar a Don Mario sus versos más hermosos que no podrían cerrar de mejor manera nuestro momento, porque definitivamente; somos mucho más que dos.

1 comentario:

  1. :) te adooroooo con toooooooooooooooooodo mi corazoooon!!!!!!!!




    tu pequeño sujetito come ideas :)

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