domingo, 15 de mayo de 2011

Un gusto incomprendido.


Más allá de lo lúdico y deportivo, el futbol es un placer: un deleite para los ojos y sobre todo para el alma. Las letras y el balón no están peleadas aunque parezca serlo, es bien sabido que el futbol "profesional" es un negocio pero ese negocio está más en enraizado en la idiosincrasia de los pueblos, el futbol es parte imprescindible de la comprensión cultural contemporánea. Para el espírituo lúdico primario del futbol siempre he sido pésimo, definitivamente la cancha no es lo mio, pero pocas cosas me pueden emocionar más que este negocio culposo incomprendido. Si pierdes sufres, si ganas estallas, por eso es una pasión, nos adolece. La verdadera pasión del futbol comercial está afuera de la cancha, los futbolistas no sufren si pierden, la mayoría juegan por dinero y si la nómina está en su cuenta las penas desaparecen.

En el futbol mexicano soy seguidor de los Pumas de la UNAM, ¿por qué ser puma?, soy puma por tradición y al ir creciendo comencé a ser puma por coherencia. No soy el tipo de aficionado que va cada quince días al estadio y mucho menos el que ve los partidos por televisión semana a semana, utilizo mi playera sólo en ocasiones especiales y eso sí, critico al equipo si es necesario, muchos me llamarían villamelón pero allí está el amor por unos colores, por una institución, por una tradición casi de antaño.

No hay palabras para describir ese sentimiento culposo, el futbol es ocio, el futbol es opio, el futbol distrae a las personas de la revolución y sobre todo el futbol es una mafia, pero todo eso es producto del capitalismo; pocas cosas unen y segregan más que el futbol. El futbol, al menos en México, no tiene nada que ver con ideología, conozco americanistas socialistas, chivistas malinchistas y pumas reaccionarios. Esa es la magia del futbol, la contradicción más bella del mundo.

Y en una semana de nuevo estallaremos, pumas será campeón. Aunque en México ser campeón de liga negocio es poco. Esta afición merece más que esto, ese es el paso cuántico entre las ligas europeas y las americanas, nada es más triste que dos campeones en un año.

En México fútbol no lleva acento.

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