martes, 22 de febrero de 2011

Sobre la naturaleza de Dios. (Partiendo del Método Cartesiano)

Sin duda alguna El Método Cartesiano es la máxima cumbre de la epistemología racionalista de la edad Moderna, hay un antes y un después del método pues es la base fundamental de la ciencia no empírica que sólo acepta la verdad como evidencia.

No comprendo la metafísica Cartesiana y no creo que alguien pueda hacerlo, puesto que necesitaríamos someter a Dios al análisis racional, necesitaríamos evidencia, dejar las creencias y sobre todo tener pruebas, pero de haberlas, ¿necesitaríamos la fe?, ¿Sigue siendo Dios “aquel” cuya existencia puede ser demostrada?. Todas las “pruebas” de Dios tienen algo en común: demuestran a la vez demasiado y a la vez demasiado poco, aún si se demostrara (tal como pretendía hacer Descartes) la existencia de algo perfecto, de algo eternamente verdadero, de algo infinito, de algo absoluto, de algo eterno, etc; son incapaces de hacer prueba de que eso sea un Dios, al menos un Dios antropomórfico como lo entienden la mayoría de las religiones, el ideal de perfección humana. No se sabe que es, quizás no sólo sea un ser o una realidad, ¿como saber que Dios es un sujeto o un objeto de estudio, no sólo como principio sino como algo que no sea la nada?. Definitivamente creo que todo concepto de Dios es objeto de fe más que de pensamiento o mejor explicado; Dios no puede ser sujeto porque no se sabe de su existencia ni de su no existencia y ambas solo pueden existir mediante la fe por lo que sólo podemos encontrarlo en lo intangible venido de la experiencia. Algo que es objeto de fe y es sometido a pruebas de existencia deja de ser objeto de fe y pasa a ser un objeto de estudio, tal como lo decía Descartes en la Hipótesis del genio malvado que concluye con la duda metódica. Descartes es claro al diferenciar al “Dios genio” del “Dios Cristiano” que siempre predica bondad y amor. Pero, ¿cómo se prueba aquello que no se experimenta?, El “ser supremo” no puede ser objeto de estudio y mucho menos sujeto, no es sujeto porque su existencia no se afirma ni se refuta, tampoco es objeto de estudio porque no podemos experimentar con el. La “existencia” o la “no existencia” de Dios se debe verificar, no demostrar; se debe comprobar, no se probar. Todo esto se reduce a dos opciones; creer o desesperar, desesperar y llegar a la no creencia, renunciar a la salvación o creer, puesto que tal como decía Kierkegaard: Dios es el único ser que puede satisfacer absolutamente nuestra esperanza. El Dios sujeto sólo es sentido para otro sujeto y nunca en sentido absoluto, por lo tanto sólo puede existir para un ser que yo llamaré sujeto absoluto. (para Descartes podría ser la res cogitans, la substancia pensante) Dios sólo es sentido de Dios y por eso es lo contrario de lo absurdo o de la desesperación, como antes expliqué.


No se puede saber si existe Dios, si existiese sería la respuesta a nuestra existencia, a la validez de la verdad y a la existencia de la bondad, pero mi Dios no responde por mi existencia, por mi responde el mundo, no responde por mi verdad, eso se lo debo a mi pensamiento y la que existe debe ser verdadera sólo para mí y obviamente aún no responde por la bondad, a eso le llamamos esperanza; para esperar se necesita fe. No creer en Dios no es lo mismo que negar a Dios. La ausencia de creencia no significa creencia en ausencia. Para demostrar a Dios o para demostrar la no existencia Dios se necesita fe, a Dios lo necesitamos para la salvación, si estamos salvados ¿Seguimos teniendo necesidad de creer en Dios?, Somos hombres, merecemos autofidelidad, esto no crea ningún Dios, pero tampoco lo suprime, no es asunto de religión, no es asunto de moral, es asunto de humanismo. Ninguna afirmación teísta, ningún ateísmo y mucho menos una religión puede ser humanamente aceptable.


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