lunes, 21 de noviembre de 2011

La levedad, el peso y la contradicción de Parménides.



La levedad, el peso y la contradicción de Parménides.





«Sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo a las leyes de la belleza, aún en momentos de más profunda desesperación.» - Milan Kundera.



Hablar de nuestra especie es hablar de levedades y pesos. Que extraña es la vida ; quien pensaría que nuestra realidad es un cúmulo de experiencias programadas y aferradas a todos los sucesos que consideramos cotidianos, que consideremos cotidianos porque necesitamos de la repetición para tener una concepción de lo que llamamos felicidad, allí está la la levedad: El espejismo que guía por un camino cómodo, de veredas que prometen placeres y dulzores sin el menor crecimiento humano, cambiamos la evolución y la auto consciencia por un mero valor estético en el que vemos reflejada nuestra felicidad, todos los que estamos en este plano volamos dentro de ella y nos negamos a abrir los ojos hacia adentro, sólo abriéndolos hacia adentro y generado auto consciencia podremos tomar las riendas del peso de nuestra propia existencia; de la insoportable levedad del ser.


La cuestión de la viabilidad de la auto consciencia para descubrir la razón del absurdo de nuestra existencia no es nada nueva, ni es cuestión exclusiva de Kundera, en el siglo V a.C Parménides de Elea hablaba de la indiferencia del inicio de todo, si al final volveremos allí, ¿Son a caso la levedad y la oposición el motor del eterno retorno? En su poema Sobre la Naturaleza, que no aún no es traducido a su totalidad, expone sus ideas y principios más importantes para comprender dónde está el principio, Parménides estaba convencido que sólo a partir del pensamiento se puede llegar a la verdad, auto consciencia, peso, ignorando los datos de los sentidos, levedad, en la medida en que estos engañen a la razón de lo que se muestra como verdadero.


La máxima parmenidiana afirma que:Es necesario decir y pensar que el ser es y que el no ser no es. Afirmar que el ser no es y que el no ser es nos extravía, nos conduce al error. Su primer principio no es el agua, el aire, o lo indeterminado, sino el ser, el ser vuelve al ser. Pero, ¿cómo es el ser? Parménides nos dice que el ser es uno, inmutable, inmóvil, indivisible e intemporal. El ser es único porque, si hubiese dos seres, ¿qué los diferenciaría? ¿El ser? No, porque es lo que tienen en común. ¿El no ser? Tampoco: si el no ser no es, no puede ser causa de la diferencia. Por lo tanto el ser es uno. Además, el ser no puede cambiar: no puede cambiar hacia el ser, pues ya es, y ¿cómo podría cambiar hacia el no ser, si el no ser no es?


Pero, ¿qué hay del mundo sensible y reflejado, en el que encontramos muchas cosas, y en el que estamos sometidos al cambio? Parménides nos dice que este mundo material y tangible no es, por eso sostiene que los sentidos nos engañan y nos conducen al error: nos muestran un mundo de multiplicidad sujeto al cambio y a la repetición. Parménides trata de explicar lo inmóvil, lo limitado y lo perfecto, lo inmóvil lo trata de definir a partir de la idea de ausencia de movimiento que radica en que lo que es es continuo e indiferenciable, lo que le impide trasladarse como un todo o cambiar internamente, si el ser es inmóvil, intermporal, e inmutable, entonces ¿por qué tiene tantas dudas y problemas con su existencia? La respuesta es la máxima: por ser, el hombre por cualidad no puede no ser.


El no ser forzosamente tiene un ser, todo tiene un opuesto, el mundo esta dividido en principios contradictorios: luz-oscuridad; sutil-tosco; calor-frío; pequeño-grande; alto-bajo; etc, y al ser uno, inmutable, inmóvil, indivisible e intemporal forzosamente se es o no se es. Con una excepción, ¿qué es lo positivo, el peso o la levedad? Parménides contestó que el peso era negativo y que la levedad era positivo. ¿Tenía razón o no? Es una incógnita. Sólo una cosa es segura: la contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa de todas las contradicciones, desde luego que Parménides sabía que precisamente la naturaleza opuestos indefinibles por cualidad, como la relación entre peso y levedad, con los sentidos observaba las cualidades de las cosas, pero esto no concordaba con las que le dictaba la razón. No obstante, cuando se vio forzado a elegir entre fiarse de sus sentidos o de su razón, optó por la razón, es por eso que el peso es lo que hace caer a la levedad.

La levedad y el peso siempre nos engañarán, los sentidos y la mente generan opiniones internas muy diversas y completamente opuestas por la división del mundo en principios contradictorios, pero tanto como los sentidos, como la mente, suelen jugar con nuestra existencia y nos engañan, si la mente se deja guiar por los estímulos, llegaremos a la levedad, si los sentidos se dejan guiar por la mente llegaremos al peso, lo mismo sucedería en el caso opuesto.


Juzguemos este caso en una tabla verdad.


No tengo relaciones sexuales por temor a un embarazo.


Explicación de la tabla:


Basándome en la lógica del principio parmendiano: «Es necesario decir y pensar que el ser es y que el no ser no es.» así como asociando su máxima sobre el pensamiento como el único camino a la verdad y lo sentidos como factores de engaño, pude llegar a las siguientes variables y oponiéndolas con levedad y el peso, por oposición, puede llegar a las siguientes conclusiones:


  1. La levedad va asociada con la mente, puesto que para Parménides la mente es verdad.

  2. El peso va asociado con los sentidos, puesto que los sentidos son falsos.

  3. La no interferencia de los sentidos conduce a la levedad. (Posible equilibrio)

  4. La no interferencia de la mente también conduce a la levedad.

  5. Siempre que interfiera la conducirá al peso.

  6. Las dos conclusiones anteriores nos remiten al principio básico, puesto que el ser es y el no ser no es, por lo tanto si no se es, se es.

  7. La mente sin equilibrio también nos conduce a la levedad.





Sentidos (+)


Mente
(-)

Conclusión

Sentidos (+)

Mente (-)

No tendré relaciones por represión del estímulo a través de un razonamiento mental pero no satisfaré mis necesidades sensoriales. (-)


PESO

Mente (-)

Sentidos (+)

Tendré relaciones por estímulo sensorial y generaré culpas por oposición de mi mente. (-)


PESO

Mente (-)

Mente (-)

Si existe un equilibrio entre lo sensorial y lo mental, tendré

relaciones. (+)


Levedad


Contradicción

Sentidos (+)

Sentidos (+)

Si no existe oposición también se logra un equilibrio, aunque no tendría relaciones. (+)


Levedad



¿En verdad es terrible reprimir los sentidos (+) con la mente (-)?


La cargas más pesadas (-) como la culpa, el odio, y el remordimiento nos destrozan pero nos regresan al origen, si no fuera por ellas no conoceríamos el arte, ni el drama, ni los más bellos poemas que sólo podemos admirar a través de los sentidos, no tendríamos necesidad de enamorarnos, no desearíamos cargar el peso de alguien, las cargas más pesadas son las que hacen más intensas la plenitud de la vida, sólo podríamos percibirlas por la levedad. Cuanto más pesada sea la carga, más lejos estarán los placeres y dulzores; nuestra vida, será más real y esta será más verdadera. Por el contrario, si los placeres son muchos y no tenemos peso alguno, nos volvemos más ligeros y nos alejamos de la realidad, no conocemos ni somos conscientes de nuestra existencia y vivimos completamente engañados en una supuesta felicidad; la mente y el razonamiento vienen a partir de una necesidad, las necesidades sólo existen si existe consciencia de carencia.


Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad?


La levedad nos promete felicidad, nos da placeres y brinda la esperanza del cambio, mientras tanto, el peso nos muestra la realidad, nos mantiene dentro de la situación y razonamos nuestro entono porque somos conscientes del daño que produce la levedad en exceso. Considero que el camino a la plenitud consciente consiste en darnos cuenta que precisamos tanto de la levedad como del peso, ese equilibrio nos permitirá poder crecer, no basta con vernos tirados en el piso, la levedad será quien te levantará cuando la carga sea muy fuerte; así mismo el peso será aquél que te permitirá bajar la realidad cuando la levedad te haga volar. Al final las cosas caerán por su propio peso, mientras más nos elevemos; más fuerte será la caída. Sin levedad no podríamos enamorarnos, sin peso, no podríamos amar.

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.


sábado, 22 de octubre de 2011

Remoto



Necesito tus cantos de náyades sopranos,

se que sigues allí, presa y con miedo voraz,

deseas el pronto fin, feliz y en alba paz

pero no te atreves, cantas en silencios llanos.


Estoy lejos de mi y extraño tus manos,

aquí soy libre pero ya no veo tu blanca faz,

lámina zarca de luminiscencia cachafaz

que necesito en las noches sin parnasianos.


Nos reuniremos pronto, eso espero con afán.

Caminaremos por las viejas calles marchitas

antes llenas de monotonía y frío sin gabán.


Titiritaremos en las esquinas malditas,

bailaremos en mi tálamo de Escarramán

y dormiremos sobre mis almohadas cuitas.

martes, 20 de septiembre de 2011

Soliloquios: La Vida.


La Vida”

Soliloquios

I

Aquí en la tierra se “dice” nuestra palabra

triste e infame; lánguidamente superflua.

Nuestra maculada concepción aún se labra.

Porque soy como el árbol que talado que retoño;

porque aún tengo la vida” refería Miguel Hernández.

Nuestra existencia nos perpetra; perennes bisoños.


II

¿Qué es la vida? Un frenesí, ¿Qué es la vida?

Una ilusión, una sombra, una ficción”,

La vida es sueño, el sueño de Calderón de la Barca, el sueño tuyo, el sueño mio. La vida es sueño,

toda la vida es sueño y los sueños, sueños son.”


III

Nuestra percepción de la vida es la realidad.

Nuestra realidad es la vida.

Vida de ida y sin vuelta,

vivir la muerte, vivir por algo;

Vida truhana, concepción humana...

jueves, 15 de septiembre de 2011

¡Que lejos está mi tierra! (Poesía del Exilio)


¡Que lejos está mi tierra!

Allende quedaron aquellos lares,

recuerdos, amores y olvidos,

en sus blancas calles llenas de nidos

quedaron mis pasos vermiculares.


Recapitulo mis letras biliares,

mi rabia, mi odio, mis fallecidos

y resistimos trece forajidos,

lejos de casa, llorando pesares.


Mi gente soporta la humillación,

se callan frente a esos bastardos,

bestias hambrientas de silencio.


Volveremos, construiremos jabardos

en tu plaza mayor con disposición

tras vencer la escarcha del recencio.

domingo, 11 de septiembre de 2011

El mar como la muerte, redescubriendo a Jorge Manrique.


Sobrino de un viejo juglar, hijo del Gran Maestre de la orden de Santiago, Jorge Manrique, fue el último gran coplista castellano y el primer poeta magno de la naciente España. Su vida fue casi tan breve como su obra y le bastaron unas cuantas coplas para ingresar al Olimpo de las letras hispanas que ya estaba ocupado por carreras breves; Fray Luis de León apenas escribió doce poemas y a San Juan de la Cruz se le recuerdan a lo mucho cinco obras. Junto a Garcilaso de la Vega, Jorge Manrique le abre al hombre la puerta del Siglo de Oro, su máxima obra, Coplas a la muerte de don Rodrigo Manrique, su padre, es la ruptura definitiva con la poesía religiosa que imperaba en siglos anteriores; Coplas a la muerte de don Rodrigo Manrique, su padre es el primer gran texto antropocéntrico en español, el primer gran paso de nuestras letras al renacimiento.


La poesía de Jorge Manrique tiene un halo de misterio que la hace única, algo especial que la hace distinta a todo lo que se ha escrito, quizás sea la sensibilidad de sus pocos versos. Jorge Manrique ha hechizado a todo tipo de lectores y escritores desde hace cinco siglos y sin su influencia, al igual que la de Garcilaso, en estilo y trama sería inconcebible imaginar la obra de los grandes clásicos, Cervantes Góngora, Lope de Vega, Quevedo, y también de la generación que lo desempolvo, la generación del 98, a la que perteneció su máximo recuperador; Antonio Machado.


En Coplas a la muerte de don Rodrigo Manrique, su padre vemos retratada la sensibilidad de la naturaleza de la forma más básica y sincera que existe, fiel a la costumbre de los recursos de los grandes cancioneros, la expresión es llevada al papel mediante juegos de palabras, acrósticos y sobre todo mediante una de las grandes maravillas del cancionero y que desafortunadamente desde el modernismo está en desuso; el pie quebreado, también conocida como “copla manriqueña” que revela la gran habilidad técnica y lírica del autor. Quizás Jorge Manrique no sea el primer poeta, pero sin duda alguna es el primer lírico “puro”.


Con esta sencillez casi metafísica comienza Coplas a la muerte de don Rodrigo Manrique, su padre:


Recuerde al alma dormida,

avive el seso y despierte,

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte

tan callando; cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parecer,

cualquiera tiempo pasado

fue mejor.


La sexta copla más celebre y que sin duda alguna es el primer ejemplo puro de poesía antropocéntrica:


Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

y consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

y más chicos,

y llegados, son iguales

los que viven por sus manos

y los ricos.


¿Esto basta para entrar al Olimpo de las letras hispánicas?, Basta y sobra. Esa sencillez y ese manejo único de la palabra es el mejor comienzo de la evolución literaria de la posición del hombre frente al mundo, los ríos manriquíticos revolucionaron para siempre la concepción de la metafísica dentro de la poesía. Es una pena que los clásicos del Siglo de Oro hayan alejado a Jorge Manrique de los grandes mercados de la palabra y que hoy sólo sea leído por unos cuantos pero sin temor a equivocarme; Jorge Manrique es el padre literario de los padres de las Letras Hispánicas.



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Coplas por la muerte de su padre – Paco Ibáñez.