lunes, 13 de septiembre de 2010

Sonetitón No. 1


Los Muros de mi patria - Francisco de Quevedo.

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del yelo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa; vi que, amancillada,
de mi anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;
vencida de la edad sentí mi espada.
Y no hallé cosa en qué poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

La última puerta abierta de la casa de mi vecina recién muerta se ha cerrado. Molía tomillo y romero para hacer ese menjurje que revive a los angelitos, a los asmáticos y aDios.

Se quedó sin voz, se cerró la puerta y la casa de la vecina muerta se cansó de ser blanco de pensamientos melancólicos de bohemios escritores de sonetitones modernos. Sus muros se llenaron de hierba y de musgo ocre que también creció sobre el banco de roble que tenía en el jardín para contemplar la desembocadura del callejón.

Periódicos antiguos tirados en el armario, los lentes modernos de la nieta modernilla para ver en sepia abandonados en la mesa, la imagen del sagrado corazón vigilando como halcón la entrada de la estancia que hace tiempo dejó de oler a café y galletas.

Sonaba El Fonógrafo, un danzón y su recuerdo...


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