domingo, 8 de agosto de 2010

Las salas del tiempo


La semana que termina el día de hoy ha sido poco productiva hablando en términos de creación literaria. Tres razones: no tuve ideas interesantes, volví a la escuela con todo lo que eso conlleva y mi laptop de ha quedado sin dos teclas, la R y la F, que si funcionan (resulta un tanto lógico pues en este texto hay R's y F's), pero es extraño teclar directamente del pad.

Bien, en este fin de semana me dediqué a buscar por internet lugares abandonados, llegando a la conclusión que los cines son las edificaciones más abandonadas, menos rescatadas y con las historias más conmovedoras y que más tristeza me provocan. Guiseppe Tornatore, en Cinema Paradiso nos relató los sentimientos enmarañados de un cinéfilo al reencontrarse con estos sitios mágicos ahora abandonados después de partir, lo mismo haría Joan Manuel Serrat con su canción los Fantasmas del Roxy, que nos narra las ironías de un viejo cine de estreno preferente ubicado en la Plaza Lesseps en Barcelona, ahora convertido en la agencia número 33 del Banco Central en la que los destellos de sus buenas épocas siguen repiténdose cuando nadie los ve.

El relato que continuación os contaré está inspirado en estos melancólicos lugares, bizarros, olvidados y en el que tantos vivimos momentos maravillosos. El nombre de este cine es Palau, está localizado en algún un barrio obrero que hace años tuvo su esplendor, que hoy está lleno de viejos que escuchan la radio, de señoras frustradas que reciben los sábados a sus hijos burócratas con comidas deliciosas. La ciudad en la que se situa este barrio puede ser cualquier ciudad cosmopolíta de habla-hispana "evolucionada"; Ciudad de México, Buenos Aires, Caracas, La Habana, Santiago, Madrid, entre otras. Para matizar más a fondo, los ejemplos claros serían la colonias Peralvillo y Tacuba en el DF, El Poble-Sec en Barcelona, Legazpi en Madrid.


Yo no conocí al hombre que se le ocurrió la magnífica idea de construir este magnífica sala de cine en el barrio, mi madre me llegó a contar que fue por allá de 1932 cuando Sergi Cadafalch (conocidos por todos como Don Sergio, un catalán adinerado recién llegado a la ciudad) colocó la primera piedra. Según mi mamá fue todo un suceso cuando lo inauguraron, todos los chicos del barrio compraron entrada y había gente de más en la sala, lo valía, habían esperado casi tres años para que lo terminaran. Tarzán y su compañera fue la cinta encargada de abrir el telón por primera vez; Johnny Weissmüller y Maureen O' Sullivan cambiarían para siempre la vida de este barrio. Mi madre al igual que la mayoría de los niños de su generación fueron testigos de este extraordinario suceso, este momento seguiría por siempre en la memoria de estos niños, que un futuro serían personalidades muy diversas, algunas recordadas, otras olvidadas. Gente como el pequeño José Emilio (futuro ganador del Cervantes), como el niñato Gustavo (futuro diputado), como la sonriente Amelia ( posteriormente actriz de fama internacional) estuvieron sentados en estas ahora olvidadas butacas. También estuvieron Chabelita (mi madre), Pepe (el carnicero) y Pedrito quien terminaría su vida años después al ser arrollado por un autobús afuera de este inmueble.

Continuará... (este si terminaré, lo prometo)

1 comentario:

  1. nunca habia pensado de tal forma en los cines, a pesar de que mis abuelos me cuentan sus aventuras dentro de algunos cines (algo raras pero aventuras a fin de cuentas, y yo les respondo con las mias jajaja

    buen aporte me dejaste pensando

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