sábado, 17 de julio de 2010

Le temps d'une chanson.


Sonó de nuevo en este casi tierno aparato multimedia una canción que erizara y engallinara mi piel. Digo casi tierno porque una laptop no tiene el mismo sentido nostálgico que un fonógrafo o que un reproductor de LP's. Ya recuperé el mes de abril que perdí este año y cerró la herida que interrogaba cruelmente (al estilo judicial de los 80's) mis sentidos. No sé si en algunos meses me arrepentiré de lo que escribo ahora como suele suceder todo el tiempo, pero la situación es ahora el presente. Lo mismo da que sea o no sea si en este instante representa algo importante y memorable para mí. Odio que cuando escribo mis oídos se perturben con música horrenda proveniente del cuarto de mi hermana y más horrenda (y perturbadora) aún su voz al interpretarlo. Sería hermoso escucharla entonar una bella canción.

Nos ligamos a ese tierno compás afrancesado y nos besamos creando la atmósfera perfecta que me desescalda de ese dolor y dosifica el veneno que está (o estaba) circulando por mi torrente. Hoy soy consciente de mi vida, de mi realidad y casi de mis sentidos. Hoy tengo ganas de bailar en secreto y ver si algún día me animaré a hacerlo realmente. Hoy tengo ganas de bailar La Javanaise, nos encantó el tiempo de una canción.

Hélas avril
En vain me voue a l'amour
J'avais envie
De voir en vous, cet amour

Ne vous déplaise
En dansant la javanaise
Nous nous aimions
Le temps d'une chanson.

No sé que vaya a suceder mañana, ni siquiera en unas horas, pero La Javanaise ya es tu canción.




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