jueves, 1 de julio de 2010

El capitalismo democrático como acelerador de la globalización en México.



Se entiende como globalización al proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala, que consiste en la constante comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo unificando sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global. Los países involucrados prescinden tener un sistema político-económico fundamentado en una economía de mercado, basada en el comercio y el mercado libre, entendiéndose como economía de mercado a la compleja estructura en la asignación de papeles primarios y secundarios tanto en la producción como en el consumo de bienes y servicios a partir de la oferta y la demanda con una determinada participación del Estado limitada a la regulación de precios en productos y servicios de primera necesidad (en el caso de los servicios generalmente subsidiados) y al establecimiento tasas tributarias, facilitando así las fusiones entre empresas multinacionales, la eliminación de empresas públicas: privatización y la desregulación financiera internacional de divisas ocasionada por el libre comercio: inflación.

Una economía de mercado no funcionaría sin el establecimiento de una sistema moral-cultural que anime al pluralismo estableciendo la democracia y la participación económica activa: consumismo, como motor del nuevo orden. Creando así un paradigmático modo de vida; claro ejemplo de esto es el American Way of Life de los Estados Unidos, donde la mayoria poblacional solo acepta este sistema político-económico como doctrina viable en el desarrollo del Estado, pues su cultura y su moral están adaptadas y enlazadas propiamente con el pueblo. He ahí la contradicción del establecimiento del capitalismo democrático como doctrina política-económica en países en vías de desarrollo, como es el caso de nuestro país.

A mediados del siglo XX, el gran economista polaco Michal Kalecki, diría “Los fundamentos de la ética capitalista exigen que "usted gane su pan con el sudor de su frente"... a menos que usted posea medios privados.”, ese es el ejemplo más claro y cruel de la imposición de un sistema ajeno a la idiosincrasia local. México es un país consumidor, con afán de productor, que posee un economía completamente dependiente de la inversión extranjera y de la venta de materias primas. Con un brutal desequilibro entre la importación de nuevas tecnologías y la producción local de estas, siendo un paraiso para el vendedor; México gasta lo que gana, mientras el inversionista gana lo que gasta.

La globalización ataca desde el punto más vulnerable de una nación; su gente. Es embestido inicialmente desde los medios de comunicación, promotores de una cultura de consumo, generando un “ideal de realización social”; casa enorme, auto del año, ropa de marca, celular de vanguardia todo esto según las pautas de convivencia que dicte la sociedad, dejando de lado prioridades de toda pueblo; el interés por la cultura local, la educación, la ciencia y la creación de industrias propias que son indispensables para establecer una basa sólida en la economía activa de toda nación, ya que al ser locales generan empleos directamente con inversión local, evitando así la fuga de capital en casos de crisis.

La contraparte del capitalismo democrático, es el socialismo democrático, doctrina económica fundamental en el establecimiento de la Socialdemocracia moderna, la cual establece un mercado local sólido basado en el cooperativismo y en la integración activa de pequeñas y medianas empresas, destruyendo así el monopolio que generalmente opera en el capitalismo democrático debido a su complejo asignamiento de roles productor-consumidor, este modo de gobierno tiene gran aplicación en nuestro país puesto que erradica el problema desde la raíz; la desigualdad económica.

El socialismo de mercado es el modo de operación del socialismo democrático basado en la colectivización, donde al igual que en la economía de mercado capitalista, el Estado solo establece los precios pero no intercerde en la produccións.

México es un país esclavizado por la integración global de la que quiere ser parte, sin embargo no cuenta ni con la adaptación social, ni cultural, ni política y mucho menos económica, para no ser devorado por la globalización. Un país con tanta riqueza natural, histórica, entológica y antropológica no puede dejar su identidad, por presión externa. México necesita reformas, una nueva constitución y nuevo orden político económico.

“El estado moderno no es sino un comité que administra los problemas comunes de la clase burguesa", - Karl Marx.

1 comentario:

  1. Brillante tu escritura. Tus ideas muy bien fundamentadas. Feliz de leer un blog tan bien construido como éste.

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