viernes, 30 de julio de 2010

Desencuentro (Segunda Parte)


Los primeros pasos en el ascenso eran agigantados, Fabián hacía zancadas de T-rex y la mujer misteriosa lo seguía a su manera. Camino a la cima en el borde de una loma, rocas rodantes calleron sobre ellos. Y a la mujer misteriosa le lanzaban piedras desde abajo y yo buscaba en las faldas aquello que me había dejado tan sólo. -¿Qué miras?, preguntó la mujer misteriosa a Fabián. -Nada, veo hacia abajo para ver que tan alto ya estamos. Siguieron caminando bajo la lluvia de piedras, Fabián decidió subir más rápido para esquivarlas, pero a la vez la mujer misteriosa notó que muy a menudo giraba la cabeza y veía el camino que ya estaba recorrido. -¿Seguro qué quieres seguir ascendiendo?. -Claro que lo estoy, ¿Por qué no lo estaría?. Siguieron caminando cuesta arriba, con cada paso que hacían el camino se tornaba más inclinado, de pronto Fabián escuchó el graznido de un zanate que volaba bajito en las faldas de la montaña sobre unos turistas que parecían buscar algo, el zanate rodeaba a esos hombres y en picada bajaba, casi con la precisión de un halcón. Ver a ese pájaro perdido dando vueltas alrededor de esos turistas o a esos turistas mirando al zanate y llamándolo a ellos perturbó a Fabián.

Fabián trató de ignorar, pero el zanate hacía ese "ritual" cada vez más intenso, su perturbación era máxima y decidió contarle a la mujer extraña sobre lo que le sucedía. -¿Ves a ese pájaro?. -Sí lo veo. -Me perturba lo que hace. -Pero está debajo de nosotros, muy lejos. No debe de afectarte, no subirá, Respondió la mujer extraña con cierta duda sobre la naturaleza de la perturbación de Fabián. Fabián acentó la cabeza, la tomó de la mano y siguieron subiendo, cuando bajo la rama de un árbol con hojas similares a las de un ficus pero con la peculiaridad que la de este árbol tenían forma de corazón decidieron tomar asiento. Fabián recordaba ese lugar con mucho cariño y quería borrar todo rastro de nostalgia, tomó a la mujer extraña del cuello y la besó profundamente, el efecto debería hacerlo olvidar; El nido ya estaba vacío y las ramas más altas estaban desnudas.

Pernoctaron allí y Fabián no pegó el ojo en toda la noche, recuerdos del ascenso anterior lo bombardeaban y a escondidas decidió recorrer la zona, quizás para encontrar cenizas de la última fogata, quizás para recordar porqué estaba ascendiendo de nuevo o simplemente para no olvidar y volver a su patética situación. Llegó a una cueva y encontró su ex-campamento casi intacto, digo casi porque cuando bajó enfurezido destrozó algunas cosas. Seguía ese cajón de madera con sonetos de Bécquer y canciones de Serrat escritas sobre su superficie y que guardaba regalos de los habitantes del monte, piedras mágicas otorgadas por arañas, agua cristalina y pura embotelladas en recipientes de pino y dulces bayas recogida por Veluria en aquél ahora melancólico recorrido. Siguió penetrando la cueva y encontró aquella flor dentro de su burbuja de cristal. Los pétalos estaban en buenas condiciones, algunos marchitos pero era lógico que la flor seguía viva. Una gotera caía sobre la burbuja y amenazaba con reventarla. Tomó cuidadosamente la flor, la puso dentro del cajón de madera y en el umbral de la entrada de la cueva decidió enterrarla. Parecía que pronto amanecería, corrió a toda velocidad y volvió al árbol.

Continuará...

1 comentario:

  1. jajaja oh Josemi
    esa tecnica del continuara es muy cruel
    (y muy efectiva) xD

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