lunes, 19 de julio de 2010

Crónicas de Alberto Latta.


Fútbol, Futból, que más da. Ahora que se ha acabado el mundial y siento las secuelas de dejar un habito que seguí por un mes creo que no es mala idea escribir sobre esta pasión mía, muchos no me lo creen, pero soy pambolero, estadista aficionado, comprador de la Fútbol Total cada mes, lector del Record todos los lunes para seguir la jornada del fin de semana y de corazón azul y piel dorada (Puma para los que no conocen el cantito). Mi pasión por el deporte de patear la pelotita y mandarla a las redes siempre ha sido desde afuera de la cancha, mi condición de asmático me impidió sentir la pasión en el campo, pero eso no fue factor para que no sintiera el amor por este juego.

Mi abuelo José fue el que me inculcó esta afición, un apasionado espectador, futbolista en su juventud y fiel seguidor del Real Asturias, (el gran dinosaurio del futbol mexicano extinto hace casi 60 años), que nunca se modernizó y nunca simpatizó ni con el América, ni con las Chivas ni con mis amados Pumas. El abuelo Pepe era de esos señores seguidores del deporte, lector de los diarios deportivos, crítico de todos los "matalotes" (mote con el cual llamaba a todos los jugadores de los equipos antes mencionados sumándole al Cruz Azul, al Real Madrid y a la selección mexicana), apostador en pro del equipo no favorito, amante de las ironías del juego y de los equipos cenicienta como el Atlético Celaya, el Toros Neza, los Reboceros de La Piedad o el Real Oviedo, además de ser cuidador de nietos en el parque e instructor de chute. Nunca olvidaré esas tardes (o mañanas en vacaciones) en las que íbamos a "chutar" (palabra utilizada para describir la acción de jugar futbol sin tener un partido, derivada de shoot, tirar en inglés) al parque de la colonia. Nunca me destaqué por ser un niño con grandes cualidades deportivas, lo mío eran los datos y la historia del fútbol. Sí algo amaba de mi abuelo eran sus charlas sobre los buenos tiempos del balón, cuando Horacio Casarín orquestaba el Parque Asturias (Hoy convertido en una Comercial Mexicana) y la grada enloquecía o cuando Kubala hacía soñar a cualquier joven enamorado de este bonito deporte a través de las transmisiones por radio de la Liga Española. A mi mente llegaban destellos de esos tiempos en blanco y negro, balones de cuero y camisetas con listones en el cuello.

Yo sólo jugaba fútbol en el garage de mi casa, tirando con mi pelota de plástico a un viejo portón verde que funcionaba de portería, yo hablaba sólo y narraba mis partidos. Como buen amante de las estadísticas me inventaba mis propios torneos y mis situaciones hipotéticas de algún partido. En una libreta anotaba mis datos, mis goleadores (que generalmente era algún jugador de Pumas que era muy malo en la vida real) y mis resultados. Federico Lagorio era el ídolo de CU, Cardozo era un paraguayo que fallaba más que el mismísimo Loco Abreu (jajaja) y Sergio Bernal era el arquero de la selección mexicana, infinitamente superior al Conejo Perez (portero de la selección en aquellos años). Con la influencia de la tevé por cable me acerqué al futbol europeo, principalmente al Italiano por un programa que pasaba por la extinta cadena deportiva PSN y al Español, por influencia de mi abuelo. Mis equipos eran la Vecchia Signora (Juventus) de Zidane, Del Piero, Inzaghi, Zambrotta, Montero, Tacchinardi, Trezeguet y Van der Saar y aquél gran Deportivo Alavés (hoy en Segunda B del Balompié español) finalista de la Copa UEFA del 2001 que perdería frente al Liverpool, con jugadores inolvidables (al menos para mí) cómo el gran arquero Herrera, Cosmín Contra, Jordy Cruyff y el artillero Moreno. Esos equipos siempre ganaban en mis torneos imaginarios. La Roma de Totti y Batistuta peleaba el descenso con el Bari, el Vicenza y el Hellas Verona, el Real Madrid no pasaba la primera ronda de la Champions y el Barça los goleaba 6-0 en el Bernabeu en el que Luis Enrique marcaba un hat-trick y Zubizarreta le paraba todo a un Suker que se había arruinado tras ser fichado por el cuadro merengue.

Ese garage a unos pasos de mi cuarto ubicado en el sur de la Ciudad de México podía ser el Camp Nou, el Old Trafford, el Estadio Azteca y el siempre mítico Olímpico Universitario. En esa cancha de azulejo y marcas de neumáticos triunfaron jugadores hoy olvidados como Alessio Tacchinardi, Enzo Maresca, Frechaut, Cristian Domizzi y Cristian Zermatten. A pesar de la ficción, mis torneos siempre estuvieron basados en hechos reales. Cada mes mi abuelo me conseguía la revista Don Balón (bajo pedido) en un puesto de periódicos (kiosko) que se encuentra enfrente de la Plaza de Toros México, la recogíamos los domingos después de ver al jugar al Atlante en el Azul (3o pesos la entrada) y de comer unas buenas tortas de jamón verde. En la Don Balón conocía y me enteraba de toda la actualidad del futbol español, alineaciones hasta de TERCERA DIVISÓN!! (Esa revista era mi sueño hecho realidad, la mayor cantidad de datos y estadísticas almacenados en papel empastado, aún no era usuario de Internet.) Gracias a Don Balón me hice seguidor del Unió Esportiva Sant Andreu (Sant Andreu de Palomar es un barrio del distrito de Sant Andreu en Barcelona, donde mi familia materna-materna tiene su origen). Datos, datos y más datos habían en mi cabeza, además de mis libros de Verne y mis libros de Historia estas revistas eran la finalidad de mi dinero. Recuerdo que recibía 20 pesos diarios para gastar en la escuela, su finalidad era; 10 pa'l lunch, 5 para estampitas (cuando los sobres aún costaban $2.50) y 5 para el ahorro de la revista.

En la calle era el chico raro, el chico que solo jugaba futbol sólo y en su garage. A veces salía a jugar con los otros muchachos pero prefería ser el arbitro. Eso de jugar con otros no era muy de mi agrado, lo mío era el realismo-mágico futbolero, los chutes con mi abuelo y los datos de Don Balón. Crecí, almacené más datos y empezé a ir a jugar a las canchas de la colonia con otros chicos (mayores, claro) ellos siempre me parecieron muy ignorantes, aunque eran buenos jugadores. Algunos sabían un poco de futbol europeo, pero casi todos eran del Madrid, yo jugaba con ellos, no muy bien pero a veces me escogían, me gustaba ser portero (porque así no me agitaba), esas tardes fueron buenas. Un día un chico (que tendría unos 20 años) vecino de la cuadra dijo; -A qué ponerle un apodo a Miguelito, yo propongo que sea el catalán, pues su abuela viene de allí. y tararán, en las canchas de la colonia (La mítica Unidad Modelo-Prado Churubusco en la que también creció Guillermo Arriaga guionista de películas como Amores Perros y Babel que plasmaría este lugar en sus cuentos del libro Retorno 201) fui conocido como "El catalán". (La familia de mi abuela siempre ha exigido que se les denomine así, por eso no me pusieron "el español", "el gallego" o "el gachupas".)

En una entrada de blog no podría escribir todas mis experiencias que he tenido con el fútbol, tanto buenas como amargas. Todo esto es verdadero, los que me conocen en persona lo entenderán. Siempre he sido algo precoz, jajaja tengo 16 años. Pero en fin, en otra ocasión volveré a relatar cosas relacionadas como mis experiencias en los equipos de la primaria, mis peleas por que el rival no jugó con fairplay o mis desiluciones de este hermoso deporte.

Ahhh, Y Arriba los PUMAS!!

1 comentario:

  1. Josemi Josemi
    que me enseño la canción de su equipo via youtube y via msn! xD
    (es divertido conocer algo tan tierno de ti)

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