lunes, 23 de septiembre de 2013

Sobre la revolución y otros menesteres.

En una peña en decadencia, en algún barrio «bohemio», de alguna ciudad, en alguna parte de latinoamérica; dos hombres nostálgicos, frente a dos cervezas, amenizados por canciones de Víctor Jara, narran viejas «glorias». El primer hombre es notablemente más viejo que el otro, las canas y la voz entrecortada por el tabaco, lo delatan. Viste una camisa de algodón con estampado a cuadros y tiene el semblante casi congelado. El segundo hombre derrocha juventud, la cabellera larga lo delata, también los pantalones rotos y la playera negra estampada con la efigie del Ché. Su semblante está lleno de júbilo, de esperanza, también, de arrogancia y egoísmo. El primer hombre le dice:

--Agradezco tu lucha, pero no cometas el mismo error que yo. La revolución no está allá afuera, está aquí.-- El joven, de inmediato cambia su semblante e interroga coléricamente:
--¿Cómo no va a estar aquí, si el hambre, la injusticia, la corrupción, la ignorancia y todo aquello que nos mantiene dormidos, siempre está en todas partes?
-- ¿A caso tienes hambre, eres justo, honesto, conocedor y estás despierto?, ¿No te parece más injusto pretender cambiar el mundo por uno que es como debe de ser, según tú?--, replicó el hombre viejo.
-- Yo no decido que es la justicia, la honestidad y el conocimiento; eso lo determinan los que conocen la injusticia, la deshonestidad y la ignorancia.
El hombre se levanta y dice:

--Anda, ¡Ve a hacer la revolución!, pero antes, vacúnate contra el desencanto; los he visto: son insensatos, autómatas del vicio intelectual, constructores de mitologías, egoístas... Jamás se ocupan de ellos mismos y detestan al hombre libre, casi tanto como aquellos contra los que luchas. Ellos, si triunfan, serán iguales que los cerdos que actualmente gobiernan, y tú envejecerás y jamás te harás cargo de tu existencia. Jamás te preguntarás por qué las cosas están así e intentarás, con tu egoísmo, solucionar aquello que no te compete. Cada quién y sus circunstancias, que las mías, por su culpa, jamás fueron mías e intenté, por mi desdicha, transformarlas en generales. Mi insensatez, se volvió de ellos, la suya, mía. Incluso, las desvirtudes son comunes, ellos no quieren al hombre libre; le temen porque es libre, porque hablará y le dirá a los encadenados que la única liberación está en darse cuenta de que somos libres, de que sólo tenemos que magnificar nuestra condición y que ningún sistema político, ni económico, ni social; nos hará perder nuestras cadenas. La libertad rebasa la muerte, la injusticia y todo aquello que conocemos; la libertad nos hace eternos.

El joven dijo: No soporto tu lenguaje reaccionario: ¡Proletarios del mundo uníos!

jueves, 18 de julio de 2013

Las Moscas



Inevitables golosas,

que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,

me evocáis todas las cosas.

Antonio Machado

Era un sábado sin pena ni gloria, el reloj marcaba las 15:32. Una mosca de gran tamaño – de esas que hacen mucho ruido al volar y que suelen aparecer en el momento menos pertinente-- se postró en el antebrazo de Alfonso, mientras descansaba tirado en el sillón -- Pensé en escribir «sofá», pero el termino siempre termina siendo muy odioso, sobre todo cuando se es mexicano-- la presencia de aquél ruidoso insecto incrementó su agobio y estrepitosamente se levantó para intentar asesinarla, tomó la revista literaria –editada por alguna universidad autónoma-- que Eva había dejado sobre la mesita de centro e intentó darle un golpe, la mosca levantó vuelo y se postró en el techo. Alfonso no tenía ganas de buscar el matamoscas --que cada vez es menos preciso--, parecería que las moscas ya ubican la forma del matamoscas y desarrollan, instintivamente, un sensor que les alerta del peligro. Puso los ojos en el techo, esa mosca tenía algo peculiar y no era precisamente su gran tamaño, ni el verde metálico de tórax. La contempló prolongadamente, como si en ella habitara un pedazo de su alma. Pensaba en como sería nuestra filosofía si nosotros fuéramos moscas y si las moscas fueran nosotros: ¿sentiríamos la misma angustia ante la muerte?, ¿nos preocuparía, de igual forma, el paso del tiempo?, ¿creeríamos en el porvenir? Alfonso imaginó una antiquísima tradición muscaria en la que se promete que en la próxima vida vivirás eternamente comiendo mierda y cadáveres en descomposición, por esa promesa, algunas moscas se quedan inmóviles , simplemente esperando el impacto asesino de una mano humana, seres que ellas consideran deplorables pero a la necesariamente innecesarios. Otro corriente de la filosofía muscaria propone que no hay más que ser mosca, «ser mosca» es lo único que puede haber y cuando mueren, regresan siendo la misma mosca, asesinada de la misma forma en la misma realidad. Por eso, esas moscas viven huyendo de los humanos y sólo los molestan cuando saben que son vulnerables, cuando están dormidos, por ejemplo. Aún así, no huyen de la muerte: las moscas jamás huyen de la muerte, ni de la propia ni de la ajena, todas filosofías muscarias tienen ese punto en común, y por eso, las moscas no pueden conocer la muerte natural. Una mosca que no muere asesinada, no es mosca. La mosca que muere de muerte natural tuvo un vida sin sentido, fue una mosca perezosa, una mosca que no hacía lo que una mosca más disfruta: no respetar ni los párpados de los muertos, como bien dijo Machado en aquél hermoso poema.

Las moscas que creen en en el «porvenir muscario» piensan que si la muerte las pesca atrapadas en alguna telaraña o en la boca pegajosa de una rana, el animal que las cace reencarnará en mosca y por eso no ele guardan rencor: ellas irán a su «paraíso», quien cace una mosca tendrá la misma oportunidad. Visto desde una postra antropomórfica, ésta creencia es una tontería, pero no podría existir mayor justicia divina. Las moscas no son las únicas que piensan eso, también algunas especies de ratas, mosquitos y cucarachas creen en lo mismo, afirman que ese es el mecanismo de reencarnación en la naturaleza, uno reencarna en lo que asesina. La ley divina establece que se reencarnará en el animal que más pasiones despierte en el asesino –las pasiones no pueden ser positivas, ni negativas; son pasiones la repulsión y el placer--, --el termino asesino se emplea sin la connotación humanista que solemos utilizar, por eso no utilizo los eufemismos «cazador» o «depredador»-- Así que el humano que más carne devore terminará siendo res, cerdo, pollo o pez; pero si tiene una afición por asesinar moscas, mosca será su destino. Mi vecina gorda que siempre viste de amarillo, que tiene los sillones forrados de plástico grueso y que siempre anda con matamoscas en mano, ya puede imaginar su destino; así mismo mi sobrino que disfruta torturar a las hormigas tapando sus hormigueros y quemándolas bajo el haz incandescente de su lupa. Quizás por eso existan muchas moscas y cucarachas, quizás por eso nos den asco; también, quizás, por eso, le tengamos pavor a la mierda y a todo aquello en lo que exista aquello que llamamos «fauna nociva».

Alfonso, después de imaginar aquello sintió terror, observó con gran respeto a la mosca que se postró sobre la mesita y le propinó tremendo golpe. La mosca «agonizó», sacudió sus alitas y posiblemente comenzó su viaje, Alfonso no supo que idea sobre la muerte tenía la mosca que recién había asesinado, pero si creía en el «porvenir muscario», seguramente le estaba haciendo un favor. Si era de aquellas moscas que sólo disfrutan ser moscas y creen en el «eterno retorno», él sería el justiciero divino de aquél pequeño insecto, una especie de Dios.

Aquella noche, Alfonso se despertó a mitad de la madrugada. Escuchó el zumbido de una mosca, él sabía que ese zumbido era especial; la buscó por todos lados y no la encontró, angustiado, decidió volver a la cama. Subiendo las escaleras, resbaló; cayó de cabeza, se golpeó la nuca y murió.

miércoles, 12 de junio de 2013

Sin título

La noche languidece en sus cuitas sempiternas,
destellos de mañana se vislumbran en el horizonte.
El mañana no llega, siempre se es hoy.

Cada alba es un mar de tedio,
cada rayo de Sol es el mismo;
mañana, en el poniente, se repetirá la historia.

No hay futuro,
mucho menos porvenir,
mañana el Sol también se pondrá en el Oeste,
amanecerá por el oriente y todo seguirá igual.

El porvenir es la gran mentira de los dioses,
la falacia más mortífera para no velar
por nuestra propia existencia.

domingo, 9 de junio de 2013

El Abismo


No soporto la angustia. Paso el tiempo, si es que aún existe, reflexionando sobre el trágico fin que me espera. Soy consciente de la eterna repetición, de saber que cada instante que he vivido, en éste lugar, se repetirá perpetuamente. ¿Mi desgracia? Haber caído en éste abismo y sobrevivir: ¿Dónde está Dios cuando más lo necesito?, ¿Dónde está su gracia divina a la que soy acreedor por no vivir en el pecado?, ¿De qué me sirve la vida si jamás podré salir de aquí? No sé cuanto tiempo ha transcurrido desde que caminaba, para dar una misa, de Santa María a San Blas. Corté vereda, para llegar más rápido, cuando de pronto, tras cruzar la loma, el piso se desplomó y me hundí en el vacío durante un tiempo que me fue eterno.


Súbitamente toqué el fondo, no sé cuántos metros caí; la luz que entra por la boca del abismo se ve muy alta, la inmensa oscuridad del sitio me impide calcular, con certeza, una aproximación. No sé cuanto tiempo lleve aquí, pueden ser años, o tal vez, unas horas. El único parámetro que tengo para medir el tiempo es la pequeña luz que entra por la boca del abismo, cuando caí supuse que viéndola podría calcular el tiempo transcurrido: la luz jamás se ha apagado. No sé cuál sería mi reacción si la luz llegase a apagarse: la oscuridad sería lo único, la soledad sería eterna. La luz me hace reflexionar sobre la esperanza, que dicen: nunca se apaga. La luz tal vez sea mi esperanza para ser rescatado, por más que grite, jamás seré escuchado, allá arriba vivimos gritando y jamás nos escuchan, ¿cómo lo harían estando sumergido en las entrañas del subsuelo? La esperanza es mi angustia, si me sintiera condenado, tal vez, podría decidir mi muerte. Jamás me he alimentado, no he sentido hambre; eso me hace creer que llevo poco tiempo; no sé si he dormido, el silencio es tan abrumador que en ocasiones olvido mi consciencia. La noche me daría tranquilidad, tal vez ahora mismo sea de noche y esa luz sea la del la luna, me sentiría tranquilo: nos quedaría la gracia de lo perecedero, del tiempo.

Al inicio recé, mis plegarias Dios no las escucho, por eso ahora contemplo; tal vez, su santísima voluntad me quiere tener vivo, pero, ¿vivo para qué?, ¿Para que contradiga su omnipotente palabra? Quizás el milagro sea que esté vivo, si logro salir de aquí, solamente me dedicaré a pecar. ¿Qué es el pecado si Dios no escucha a los Bienaventurados? Pienso en Job, pienso en los mártires, pienso en los hombres justos que han sido asesinados en nombre de Dios; si Dios es omnipotente, el sigue reinando en las tinieblas, el abismo también es su dominio. «Padre nuestro, que estás en el cielo», muy lejos de nosotros, el único milagro que espero es mi muerte, el cese de ésta angustia, de ésta oscuridad que me engaña diciendo que puede haber una salida, sabiendo, aún, que ni con toda la fe del universo podré ser rescatado. Mis barbas siguen creciendo, mi cuerpo aún no languidece: sigo esperando el fin, sigo esperando la gracia divina. Aquí no hay ni tiempo, ni Dios, ni existencia: estoy solo, abandonado con mis demonios. ¿Cuál es el pecado de los justos? Jamás hablar con sus demonios, estar esperando el porvenir, siempre pensar en la esperanza; jamás admitir nuestra propia muerte. ¿Qué hacemos cuando la gracia divina de Dios es que estemos vivos si lo único que deseamos es la muerte? El abismo es eterno, tan profundo como la angustia, interminable como la desesperación: el abismo se asemeja demasiado a Dios, sólo que él si es visible.


miércoles, 5 de junio de 2013

Mátame.


Mátame, pero promete que después morirás conmigo;
que ni el mañana, ni el pasado importan,
que el presente es inexistente,
porque somos eternos.

Mátame, pero no olvides despertarme del sueño eterno,
teje un maraña de sueños blancos,
de vidas llenas de instantes raudos,
de colores perennes, de voces profundas,
de gritos desesperados que puedan salvarme del devenir de la angustia.

Mátame, pero antes, deja que te desnude el alma;
que mis dedos, llenos de sucesos,
transmuten tus instantes,
hasta que sean gotas de lluvia en el mar de nuestro infinito.

Mátame, pero jura que no existe el tiempo,
que la muerte es insignificante,
que el camino de la trascendencia es real,
que yo soy tú, y tú eres yo;
porque somos cálices de sangre,
porque somos la misma substancia,
porque nacimos del mismo delirio.

martes, 30 de abril de 2013

Borges: la anarquía como virtud.


Comentario crítico a «La filosofía política de Jorge Luis Borges», publicado por Martín Krause en la revista «La Ilustración Liberal»:




El lugar común de la investigación literaria en la obra de Jorge Luis Borges siempre recae en el «análisis» metafísico de sus proyecciones existenciales. Son muy conocidas, y muy bien documentadas, las cuestiones filosóficas que el gran genio argentino planteó a lo largo de su obra; temáticas tan diversas como la inexistencia del espacio y del tiempo —en «El jardín de los senderos que se bifurcan»— o la infinitud del conocimiento —«La biblioteca de Babel»— hasta poemas dedicados a filósofos —a Spinoza, Schopenhauer y Heráclito—. El análisis filosófico de la obra de Jorge Luis Borges, generalmente, se concentra en cuestiones ontológicas, hermenéuticas e incluso, morbosamente, «esotéricas» o «herméticas». Martín Krause, en su artículo, nos muestra una faceta menos conocida, pero no por ello menos fecunda, del trabajo filosófico de Borges: su vinculación con la política y su filosofía.

La obra de Jorge Luis Borges ha sido atacada por todos los frentes políticos, una reacción casi natural contra alguien que negaba la existencia de las masas: fue un escritor incómodo para la derecha, también lo fue para la izquierda, incluso fue señalado como reaccionario y su obra que, a mi parecer, fue la más revolucionaria en las letras en español desde Cervantes, fue considerada como obra burguesa y en contra de los ideales revolucionarios por negar los conceptos dogmáticos del socialismo. El problema político de Borges trasciende de las posiciones e ideologías en un compás político. Borges, escéptico por naturaleza, siempre desconfío del gobierno, entendido como el poder de masas que impone, pero no por ello, de la autodeterminación del ser para «gobernarse», mediante un gobierno completamente individual, sin ningún tipo atadura de masas , completamente circunstancial, por tanto, distinto al de cualquier otro ser.

Borges consideró que lo único que podríamos llegar a conocer, y según él, eso es demasiado ambicioso, es una perspectiva individual de la realidad; matiz básico para comprender su incomprendida «posición» política. Resulta inútil tratar de entender las problemáticas políticas de Borges a partir de los parámetros comunes de la «ciencia» política, por ello es preciso dar un salto a las cuestiones ontológicas que siempre antepuso a lo externo, a aquello que él consideró innecesario, pero que sin embargo, de algún modo, determina: lo único que existe es el ser-en-sí, cualquier cosa ajena al ser-en-sí, es inexistente, por ello, resulta imposible establecer ideas de masas; una posición ideológica o pragmática varía en su concepción, enormemente, de individuo en individuo, por ello, cada quién tomará las circunstancias que le correspondan a su existencia; cualquier concepto generalizado de grupo, para Borges, es inexistente, por lo cual, se justifica su posición que no responde a una ideología de masas, sino a una interpretación de las circunstancias individuales de cada ser-en-sí.

El planteamiento político de Borges refuta a todo aquello que, per sé, se considere no individual; el número de conceptos, de todos los conceptos, es directamente proporcional al número de seres-en-sí, por lo tanto, es imposible hablar de conceptos generales, incluso aquello sería una particularidad para el ser-en-sí ,que en este caso, es Borges. En el mundo borgiano, desde mi perspectiva, los países son infinitos, las ideologías también, y por ello, rechaza ferozmente al dogmatismo y a la imposición de una ética política que trate a los individuos como meros integrantes de una masa, por ello, tampoco cree en la democracia, como tampoco cree en ningún sistema político, todo aquello queda inutilizado si lo único existente es el ser-en-sí. Partiendo de la idea anterior, se consideraría a Borges como un anarquista puro, difiero de la opinión de Krause basada en una definición de diccionario: sólo existe un anarquismo, que no tiene que ver con Estados y mucho menos con gobiernos: el anarquismo es la inexistencia de todo aquello que no sea el individuo y sus convicciones y sus voluntades. Incluso lo que se considera «anarco-comunismo» o «anarquismo libertario» no es anarquía porque la anarquía implica que el individuo se asuma con una posición similar a la de Borges, y en esos casos, coexisten factores generales: una ética universal que establezca un comportamiento sistematizado en un orden de uso y costumbre y que no distinga de lo circunstancial. Borges se autodenomina anarquista, y siguiendo el factor humano de la contradicción y de sus circunstancias, lo era: para Borges, Borges era anarquista y estoy seguro que él lo cuestionaría, Borges, según Borges, es todo lo que se diga de él: Borges era fascista, Borges era libertario, Borges era un loco; Borges era Borges, y el problema esencial de la política de Estado es que en ella nadie es, ni nada eres: todos somos o todos son, y si llegamos a ser, aunque nos consideren «individuos» estamos en función de una relación no individual que el Estado denomina «ciudadanía»; la individualidad, incluso en posiciones opuestas dentro del compás político, es vista como un enemigo: el fascismo sostenía que nada puede existir más allá del estado; el comunismo sostenía lo mismo pero imponiendo un código universal que regiría la «emancipación». En política, los «anarquismos» se oponen a los totalitarismos, pero realmente no son anarquismos porque aún existen figuras de poder, no estatales, pero si gubernamentales y de grupo. La individualidad no puede existir para la política porque es una disciplina de masas y tal vez por eso, a Borges, siempre le negaron el Nobel. El pensamiento de masas y la no convicción del individuo conducen a un desconocimiento total de las circunstancias de cada ser-en-sí, la empatía -principio básico del «quehacer» político- no es posible porque como dijo el gran poeta Campoamor:

«En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira».




La filosofía política de Jorge Luis Borges.


Publicado por Martín Krause en la revista «La Ilustración Liberal», No. 12: http://www.ilustracionliberal.com/12/la-filosofia-politica-de-jorge-luis-borges-martin-krause.html

Borges y la política han dado mucho que hablar, pero la atención que sus opiniones en tal sentido generaran se han referido generalmente a la anécdota de aquél personaje que poca atención prestaba a las noticias diarias y que basaba buena parte de las mismas en criterios estéticos, y particularmente épicos: desde su admiración por los militares patrios y su lucha por la independencia y libertad argentinas hasta su afiliación al Partido Conservador porque sólo los caballeros se suman a las causas perdidas.

Sin embargo, y pese a que pueden encontrarse en su historia decisiones y opiniones políticas diversas, y hasta contrapuestas, es opinión de quien escribe que existe una clara filosofía política en Borges, la que se mantuvo durante el trascurso de su larga vida sin modificaciones y es intención de este artículo presentarla.

Libre albedrío e individualismo

Sorprendía a muchos el escepticismo de Borges sobre el libre albedrío, pero esto nunca significó que cayera por eso en las redes del determinismo. Su posición podría sintetizarse de la siguiente forma: el ser humano no existe fuera de las relaciones causa-efecto; está determinado pero le resulta imposible saber qué es lo que lo determina entre las innumerables causas existentes. En sus palabras: "Uno siente que el Universo responde a un dibujo. Las cosas no son absolutamente arbitrarias: hay cuatro estaciones, nuestra vida va pasando por etapas: nacimiento, niñez, juventud... Podrían ser indicios de que hay una trama, de que este mundo no es caótico sino laberíntico. Es como el libre albedrío. Posiblemente no exista, pero uno no puede pensar que en este momento no es libre ¿no?"[1]

Y también: "...si me dicen que todo mi pasado ha sido fatal, ha sido obligatorio, no me importa; pero si me dicen que yo, en este momento, no puedo obrar con libertad, me desespero."[2]

Esta capacidad de accionar libremente lleva a Borges a lo que en las ciencias sociales se denomina individualismo metodológico, el cual descarta de plano la "hipóstasis" de ciertos conceptos, es decir hacer sujetos de existencia real a ideas tales como "la sociedad", "el pueblo", "la nación", "la clase obrera" y otros: "... la muchedumbre es una entidad ficticia, lo que realmente existe es cada individuo."[4] , "yo creo que sólo existen los individuos: todo lo demás, las nacionalidades y las clases sociales son meras comodidades intelectuales."[4] , "Las masas son una entidad abstracta y posiblemente irreal. Suponer la existencia de la masa es como suponer que todas las personas cuyo nombre empieza con la letra "b" forman una sociedad."[5]

Inclusive tiene una página literaria específica sobre el tema, "Tú"[6], que comienza "Un solo hombre ha nacido, un solo hombre ha muerto en la tierra. Afirmar lo contrario es mera estadística, es una adición imposible. No menos imposible que sumar el olor de la lluvia y el sueño que anoche soñaste".

Este enfoque se extiende a su idea de "patria", más venerada por Borges por la epopeya histórica que como concepto social. Así en la "Elegía de la Patria"[7] culmina:

Cifras rojas de los aniversarios,
Pompas de mármol, arduos monumentos,
Pompas de la palabra, parlamentos,
Centenarios y sesquicentenarios,
Son la ceniza apenas, la soflama
De los vestigios de esa antigua llama

Patria, País, Estado

Borges tuvo muchas patrias, si bien nunca pensó en desprenderse de ésta, llevando la concepción individualista también a este campo. Le preguntan, "¿cuántas Argentinas hay? ¿Más de una?", y contesta "Muchas, tantas como individuos. Los países son falsos, los individuos quizás no lo sean -si es que el individuo es el mismo al cabo de muchos años." [8]

Gustaba de "coleccionar" patrias (Argentina, Uruguay, Suiza, Inglaterra, entre otras) y descreía de las fronteras y los países: "Desdichadamente para los hombres, el planeta ha sido parcelado en países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de una mitología particular, de derechos, de agravios, de fronteras, de banderas, de escudos y de mapas. Mientras dure este arbitrario estado de cosas, serán inevitables las guerras."[9] "Soy un cosmopolita que atraviesa fronteras porque no le gustan" [10]

El libre albedrío y el individualismo le permitían desplegar una preocupación ética, individualista, como no puede ser de otra forma, "...creo que si cada uno de nosotros pensara en ser un hombre ético, y tratara de serlo, ya habríamos hecho mucho; ya que al fin de todo, la suma de las conductas depende de cada individuo." [11]

Y al pretender buscar lo máximo de individuo y el mínimo de Estado, descreía profundamente de éste:

"El más urgente de los problemas de nuestra época (ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer) es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo; en la lucha contra ese mal, cuyos nombres son comunismo y nazismo, el individualismo argentino, acaso inútil o perjudicial hasta ahora, encontrará justificación y deberes." [12]

"...se empieza por la idea de que el Estado debe dirigir todo; que es mejor que haya una corporación que dirija las cosas, y no que todo 'quede abandonado al caos, o a circunstancias individuales'; y se llega al nazismo o al comunismo, claro. Toda idea empieza siendo una hermosa posibilidad, y luego, bueno, cuando envejece es usada para la tiranía, para la opresión." [13]

Sin dejar de ser optimista pensando que algún día ya no existirían más. Pregunta el personaje Eudoro Acevedo:

"¿Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más completa que este resumen." [14]

Y dice Borges "... para mí el Estado es el enemigo común ahora; yo querría -eso lo he dicho muchas veces- un mínimo de Estado y un máximo de individuo. Pero, quizá sea preciso esperar... no sé si algunos decenios o algunos siglos -lo cual históricamente no es nada-, aunque yo, ciertamente no llegaré a ese mundo sin Estados. Para eso se necesitaría una humanidad ética, y además, una humanidad intelectualmente más fuerte de lo que es ahora, de lo que somos nosotros; ya que, sin duda, somos muy inmorales y muy poco inteligentes comparados con esos hombres del porvenir, por eso estoy de acuerdo con la frase: "Yo creo dogmáticamente en el progreso". [15]

"Creo que con el tiempo mereceremos que no haya gobiernos." [16]

Política y democracia

El descreimiento del Estado no podía sino estar acompañando por una baja consideración de la política, algo que, tal vez no entonces, comparten muchos de los argentinos de hoy. Le dicen que no tiene una buena opinión de los políticos, contesta:

- "No. En primer lugar no son hombres éticos; son hombres que han contraído el hábito de mentir, el hábito de sobornar, el hábito de sonreír todo el tiempo, el hábito de quedar bien con todo el mundo, el hábito de la popularidad....

La profesión de los políticos es mentir. El caso de un rey es distinto; un rey es alguien que recibe ese destino, y luego debe cumplirlo. Un político no; un político debe fingir todo el tiempo, debe sonreír, simular cortesía, debe someterse melancólicamente a los cócteles, a los actos oficiales, a las fechas patrias." [17]

"Creo que ningún político puede ser una persona totalmente sincera. Un político está buscando siempre electores y dice lo que esperan que diga. En el caso de un discurso político los que opinan son los oyentes, más que el orador. El orador es una especie de espejo o eco de lo que los demás piensan. Si no es así, fracasa." [18]

"...yo diría que los políticos vendrían a ser los últimos plagiarios, los últimos discípulos de los escritores. Pero, generalmente con un siglo de atraso, o un poco más también, sí. Porque todo lo que se llama actualidad es realmente.... y, es un museo, usualmente arcaico. Ahora estamos todos embelesados con la democracia; bueno, todo eso nos lleva a Paine, a Jefferson, a aquello que pudo ser una pasión cuando Walt Whitman escribió sus Hojas de Hierba. Año de 1855. Todo eso es la actualidad; de modo que los políticos serían lectores atrasados, ¿no?, lectores anticuados, lectores de viejas bibliotecas..." [19]

Su acendrado individualismo lo llevaba hasta dudar de la posibilidad de la representación, y de la misma democracia, pero no por promover las dictaduras o las monarquías siendo que pensaba que lo importante no eran los sistemas políticos sino los individuos y sus valores. Dice en El Libro de Arena

"Twirl, cuya inteligencia era lúcida, observó que el Congreso presuponía un problema de índole filosófica. Planear una asamblea que representara a todos los hombres era como fijar el número exacto de los arquetipos platónicos, enigma que ha atareado durante siglos la perplejidad de los pensadores. Sugirió que, sin ir más lejos, don Alejandro Glencoe podía representar a los hacendados, pero también a los orientales y también a los grandes precursores y también a los hombres de barba roja y a los que están sentados en un sillón. Nora Erfjord era noruega. ¿Representaría a las secretarias, a las noruegas o simplemente a todas las mujeres hermosas? ¿Bastaba un ingeniero para representar a todos los ingenieros, incluso los de Nueva Zelanda?" [20]

Y su opinión sobre la democracia es bien conocida: Me sé del todo indigno de opinar en materia política, pero tal vez me sea perdonado añadir que descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística." [21]

Volviendo a creer más en los individuos que en los gobiernos "Tengo la sospecha de que la forma de gobierno es muy poco importante, de que lo importante es el país. Vamos a suponer que hubiera una república en Inglaterra o que hubiera una monarquía en Suiza: no sé si cambiarían mucho las cosas; posiblemente no cambiarían nada. Porque la gente seguiría siendo la misma. De modo que no creo que una forma de gobierno determinada sea una especie de panacea. Quizá les demos demasiada importancia ahora a las formas de gobierno, y quizá sean más importantes los individuos" [22]

Borges libertario

En sus propias palabras, Borges se consideraba un anarquista, si bien pacífico: "actualmente yo me definiría como un inofensivo anarquista; es decir, un hombre que quiere un mínimo de gobierno y un máximo de individuo." [23]

"Soy anarquista. Siempre ha creído fervorosamente en el anarquismo. Y en esto sigo las ideas de mi padre. Es decir, estoy en contra de los gobiernos, más aún cuando son dictaduras, y de los estados". [24]

Pero esa definición de "anarquista pacífico" era presentada para diferenciarse del anarquismo violento de fines del siglo XIX y principios del XX. En la actualidad su posición sería clasificada como de "libertario", ya que el ideal de su admirado Spencer ha sido recreado en este siglo por Popper, Hayek, Nozick o Mises.

El diccionario define la anarquía como "falta de todo gobierno en un estado", o "desorden, confusión, por ausencia o flaqueza de la autoridad pública". Teniendo en cuenta esto, Borges no sería estrictamente "anarquista" si lo interpretamos como la falta completa de normas y orden, sino un "libertario" , palabra que define actualmente a un rango amplio de posiciones que se extienden desde la preferencia por un estado mínimo hasta pequeñas agencias en competencia.

Dicha filosofía política pondría a Borges a contrapelo de la sociedad argentina, la que ante la bancarrota del Estado espera aun salvarse a través del mismo y de los políticos que lo manejan o de otros que puedan llegar. Sin embargo, Borges pensaba que el argentino es esencialmente individualista:

"El argentino hallaría su símbolo en el gaucho y no en el militar, porque el valor cifrado en aquel por las tradiciones orales no esta al servicio de una causa y es puro. El gaucho y el compadre son imaginados como rebeldes; el argentino a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano." [25]

Martín Krause,

[1]Pilar Bravo & Mario Paoletti, Borges Verbal, (Buenos Aires: Emecé Editores, 1999), p. 179.

[2]Pilar Bravo & Mario Paoletti, Borges Verbal, (Buenos Aires: Emecé Editores, 1999), p. 152.

[3]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, En Diálogo I (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1985, p. 36.

[4]Revista Siete Días. Buenos Aires, 23 de Abril de 1973, año VI, nº 310, págs. 55 a 59; en Mateo, Fernando, El Otro Borges (Buenos Aires: Editorial Equis, 1997).

[5]Pilar Bravo & Mario Paoletti, Borges Verbal, (Buenos Aires: Emecé Editores, 1999), p. 126.

[6]El Oro de los Tigres, Obras Completas, Tomo II (Buenos Aires, Emecé Editores), p. 489.

[7]La Moneda de Hierro, Obras Completas, Tomo II (Buenos Aires, Emecé Editores), p. 129.

[8]Revista Ambiente, Buenos Aires, Febrero de 1984. Espacio Editora, págs. 27 a 32; en Mateo, Fernando, El Otro Borges (Buenos Aires: Editorial Equis, 1997)

[9]Pilar Bravo & Mario Paoletti, Borges Verbal, (Buenos Aires: Emecé Editores, 1999), p. 147.

[10]La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, México, D.F., nº 8, Agosto de 19856, pág. 92; en Mateo, Fernando, El Otro Borges (Buenos Aires: Editorial Equis, 1997)

[11]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, Reencuentro: Diálogos Inéditos (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1999, p. 157.

[12]Jorge Luis Borges, Nuestro pobre individualismo, Obras Completas II (Emecé Editores; Barcelona, 1996), p. 37.

[13]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, En Diálogo II (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1998, p. 207.

[14]Jorge Luis Borges, El libro de Arena, Obras Completas, Tomo III, (Barcelona: Emecé Editores, 1996), p. 55.

[15]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, En Diálogo I (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1998, p. 220.

[16]Jorge Luis Borges, El Informe de Brodie, Obras Completas II (Barcelona: Emecé Editores, 1996), p. 399.

[17]Roberto Alifano, El humor de Borges, (Buenos Aires: Ediciones Proa, 1995), p. 132-133.

[18]Diálogos Borges-Sábato, compaginados por Orlando Barone (Buenos Aires: Emecé, 1976), p. 75.

[19]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, En Diálogo II (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1998, p. 129.

[20]Jorge Luis Borges, El libro de Arena, Obras Completas, Tomo III, (Barcelona: Emecé Editores, 1996), p. 24.

[21]Jorge Luis Borges, La moneda de hierro:, Obras Completas III (Barcelona, Emecé Editores, 1996), p.121.

[22]Sorrentino, Fernando, Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (Buenos Aires: El Ateneo, 1996), p. 119.

[23]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, En Diálogo I (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1985, p. 59.

domingo, 28 de abril de 2013

Perpetuo ensueño. (Soneto)


Quizás en este plano, nunca nos encontraremos; 
deseo, algún día, determinar mi existir.
Deseo porque no te recuerdo, no sabemos,
aun así, vivimos intentando descubrir.

En éste lúgubre mundo todo es «creemos»,
no existen certezas suficientes de vivir,
no somos, no conocemos, sin embargo, «habremos»:
¿tanto te espero para que no puedas venir?

Si bien no quiero, aún, impacientemente, te espero;
hallar a la musa perfecta no es más que un sueño,
un sueño lánguido, un suspiro perecedero.

Esperaré a encontrarte, sin poner empeño:
es una empresa inútil, un anhelo somero.
Continuaré escribiéndote, mi perpetuo ensueño.